Qué ver en Puerto Rico en una semana

Puerto Rico es la isla más pequeña de las Antillas Mayores del Caribe pero gigante en oportunidades. La “Isla del Encanto” ofrece una posibilidad única que solo podrás ver y vivir si visitas esta nación tan particular que sigue perteneciendo a Estados Unidos. El lugar más bioluminiscente del planeta está aquí. Una de las ciudades coloniales más hermosas y mejor cuidadas, Viejo San Juan, está aquí. La tirolina más larga del mundo, está aquí. El barrio dónde se grabó el videoclip más visto de la historia, “Despacito” de Luis Fonsi y Daddy Yankee, está aquí. Y muchas cosas más que os contamos en este post: qué ver en Puerto Rico en una semana.

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Cómo llegar

Puerto Rico está situado entre la antigua Isla de la Española (Haití y República Dominicana) y las Islas Vírgenes. Para llegar a esta isla hay dos opciones.

La primera, si se trata de un viaje largo, es el avión. El aeropuerto principal es el Aeropuerto Luis Muñoz Marín de la capital. Los vuelos a este destino son caros y es por eso que os proponemos que antes de volar directamente hasta Puerto Rico, miréis las opciones para viajar a aeropuertos baratos cercanos como el de Punta Cana, en República Dominicana, y desde ahí llegar a la isla puerto riqueña. 

Desde República Dominica, el ferry, la segunda opción, os traerá de manera cómoda y económica hasta Puerto Rico. Los ferries que unen los dos países salen desde Santo Domingo y llegan a San Juan. El trayecto dura una noche y el barco ofrece butacas y camarotes. El servicio es impecable y el ahorro considerable. De este servicio se encarga la compañía Ferries del Caribe. Si queréis saber más detalles del ferry que une República Dominica con Puerto Rico, podéis entrar en este post en dónde están todos los detalles y horarios.

Vieques. La bahía más bioluminiscente del mundo

Vieques, una pequeña isla puertoriqueña situada a menos de una hora en barco es, sin duda, uno de los tesoros naturales de este “país”. Junto a Culebra, situada al norte, atrae a miles de visitantes locales y extranjeros por la belleza de sus playas. Pero, si por algo es imprescindible Vieques, es por su Bahía Bioluminiscente. No teníamos duda de que, en una ruta de siete días por su territorio, este lugar es uno de los “must” del viaje.

Para llegar a Vieques hay tres alternativas: ahorrarse unos pocos dólares perdiendo todo el día (tenéis que ir al barrio de Río Piedras temprano para coger la primera camioneta que vaya, si va, a Fajardo pueblo y desde allí otra a la terminal por muy pocos dólares); usar un taxi con precio abusivo que en poco más de una hora te lleva desde la capital hasta Fajardo al puerto de salida; o alquilar un coche llegando pronto al puerto e intentar montar el vehículo para ir con él a la isla.

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Nosotros, recién llegados a Puerto Rico cuando teníamos previsto ir a Vieques, no tuvimos más opción que coger un taxi (desde San Juan cobran 80 dólares, 1.15h, negociable. Intentamos usar Uber, pero el precio era exactamente el mismo). Por lo tanto, y con este panorama, lo mejor es optar por el taxi pero compartiendo con otros viajeros. Sobre todo a la vuelta llegaréis en barco con mucha gente que necesita ir de vuelta a la capital. Preguntad y ahorraréis compartiendo el vehículo.

Una vez en Fajardo, un pequeño pueblo solo conocido por ser puerto de embarque, hay que tomar un barco que en menos de una hora os deja en Vieques. El precio del billete es de 2 dólares (ida por persona). Si quieres saber los horarios actualizados, los podéis ver aquí.

Una vez en la isla, no enorme pero si suficientemente grande como para necesitar transporte, debería alquilar un jeep, coche, carro de golf o moto, según gustos y presupuestos. Desde los carísimos 55 dólares/día que piden por una moto hasta los 150 dólares/día que puedes llegar a pagar por un jeep, el abanico es enorme. En nuestro caso, de nuevo, nos quedamos sin opciones. Vieques en verano es un destino favorito para muchos locales y extranjeros. Si a eso sumamos que era puente festivo nacional, todo se terminó de complicar. No había un vehículo en toda la isla. Por suerte, Marta, de Scooters For Rent se inventó una moto de donde no la había.

Estábamos deseando llegar a nuestro hotel. En esta ocasión no era uno más. Es el Hix Island House, considerado como uno de los mejores hoteles con encanto del mundo y en el top ten de alojamientos eco-friendly o amigables con el medio ambiente de todo el planeta. Tras un viaje por una carretera solitaria y maravillosa, llegamos a este vergel en la isla. Ody, la amable recepcionista, nos llevó hasta nuestra casa dejando atrás un árbol de mango con dos caballos bajo sus sombras. No se escuchaba un alma, solo las explicaciones de la puertorriqueña sobre nuestro hogar por estos días: Casa Solaris.

“Este edificio es el primero autoabastecido con energías renovables de todo el Caribe”, decía mientras subíamos las escaleras. MJ no se imaginaba como iba a ser la habitación. Yo ya había soñado con ella desde que la vi en un documental meses atrás. Detrás de la puerta había un paraíso, un sitio que nos dejó con la boca abierta.

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Un espacio abierto, en el que las puertas y ventanas, enormes, siempre estaban abiertas. Una cama, con mosquitera, frente a un mar de árboles con el océano por detrás y con la luna y la vía láctea como decorado cuando caía la noche. Una cocina con todos los productos ecológicos preparados para cocinar nuestro propio desayuno al alba. Una ducha, al aire libre, con la que poder refrescar mientras veíamos el atardecer. Libros, para leer con el run run de los sonidos de la naturaleza de fondo. Y unas toallas para darnos un baño en la piscina del hotel bajo otro manto de estrellas. Simplemente espectacular. De los sitios que tienen que incluir en “hazlo al menos una vez en la vida”.

A la mañana siguiente, más pronto que nunca en todo el viaje, abrimos los ojos en la cama. Fue maravilloso ver amanecer desde la cama. Ver los primeros rayos de sol desde la terraza. Y desayunar con la mezcla de melodías que traían pájaros de todas las especies. No eran ni las 7 de la mañana cuando salimos en moto a recorrer la isla. Teníamos solo un día pero muchas horas por delante. La primera parada fue en Playa Negra. Se accede caminando después de 10 minutos. Es pequeña, no apta para el baño por las olas, y la arena de color oscuro, única en Puerto Rico. Bien merece una foto. Fue breve porque empezó a diluviar, pero suficiente.

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Más tarde, con las recomendaciones de Ody, hicimos una buena ruta de playas. La primera que visitamos fue la que más tarde se llenaría, la playa de Caracas. Es una de las más extensas y, por ende, la que usan familias enteras para pasar el día. Cuando llegamos estábamos solos. Cuando nos fuimos empezaban a llegar grupos de amigos o familiares preparados para lo que parecía una guerra más que para una jornada playera: carpas, kilos de víveres, útiles de todo tipo, etc. (tenéis que ver cómo van de cargados en el barco, parecía que iban a hacer una mudanza… jejeje).

Antes del desvío para esta playa, si seguís todo recto, se abren varias calas y bahía a la derecha de camino. Empiezan en el número 1 y llegan hasta el 28. Cuanto más os alejéis y se complique la carretera, el número de personas en la playa disminuirá exponencialmente. Nosotros, a pesar de no estar en el guión, como casi siempre fuimos animándonos uno al otro y llegamos hasta la última, la Playa de La Plata.

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Comer, al menos en restaurantes, es una tragedia en esta isla. Se come regular (abundan los bares de comida rápida) y los precios son muy caros. No está mal la opción de optar por hotel con cocina (como el nuestro) u apartamento y así comer sano y a mejor precio. Nosotros, para no perder tiempo, nos comimos un bocata en ruta y ya después unos spaguettis que supieron a gloria en nuestro comedor con vistas a la naturaleza.

Parecía un día interminable. Por la noche nos esperaba la actividad más ansiada en Vieques. Llegaba el momento de poder conocer y sentir la Bahía de los Mosquitos (Mosquito Bay, Bio Bay, etc.). Este punto de Puerto Rico es uno de los lugares más impresionantes del planeta. En sus aguas se produce la mayor concentración de organismos bioluminiscentes del mundo (microorganismos que producen luz de forma natural). Es, sin duda, un momento inolvidable en la vida de un viajero.

Cuando cayó la noche, fuimos con lo puesto al lugar de la isla donde citan a los exploradores (hay dos turnos). Fuimos con lo puesto, como nos recomendaron. Es una actividad de agua y, de noche, desgraciadamente las fotos son muy complicadas de sacar. Mucho mejor para disfrutar a tope de la naturaleza, sin preocupaciones. En la isla son muchas las empresas que ofrecen este tour, pero es importante saber elegir. Preguntamos mucho a los locales, a otros viajeros, comparamos y nuestra selección fue Taino Aqua Adventure. Esta compañía local que ofrece tours en español (no todos lo hacen) ofrecen unos estándares de calidad muy altos y un guía, Carlitos, que se crió en esta laguna y transmite su amor por ella desde el primer momento.

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Una vez en el entorno, al que se llega en furgoneta, se pierde muy poco tiempo en que cada uno monte en los kayas especiales con fondo transparente para ver a estos organismos con luces. Con las ansias de montarnos y el ajetreo del inicio, no nos dimos cuenta de lo que pasaba. Bajo nuestras canoas las luces se iban encendiendo y apagando, como si fuera un alumbrado de Navidad perfecto. Los remos, en contacto con el agua, se iluminaban. Las manos, cuando las metíamos en el agua, arrastraban lo más parecido a estrellas líquidas. Era una sensación única, difícil de descubrir. Solo la podíamos guardar en la retina, con fuerza. No habría fotos y explicar a la naturaleza, en ocasiones, es harto complicado. Una vez la madre tierra nos dejó noqueados.

San Juan. La ciudad colonial

Nada más poner un pie en el Viejo San Juan, la ciudad colonial de la capital puertorriqueña, sentí que tocaba casa. Nos bajamos del taxi compartido que nos traída desde Vieques y se lo dije a MJ. “¿Sabes qué? No llevo ni un minuto aquí pero ya sé que esta ciudad tiene algo especial. Me hace sentir en casa”, le dije.

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Caminamos dos cuadras hasta el que iba a ser nuestro hogar, Casa Sol Bed and Breakfast y mi presentimiento no hizo más que confirmarse. Los dueños salieron a nuestro encuentro en el precioso patio que preside este alojamiento con encanto en el corazón del Viejo San Juan. Antes de dejar las mochilas ya tenían un helado artesano preparado para ofrecernos y rebajar la temperatura con la que llegábamos de la calle. Eddy y Thisa, así se llaman nuestros anfitriones en este país, no nos dieron ni cinco minutos para la primera sorpresa. España es grande pero, una tía de Thisa vivía en mi ciudad, en El Puerto de Santa María, y eran asiduos a ella. La cercanía cultural iba haciendo olvidar los kilómetros que separan ambas tierras.

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Nos sugirieron tantos planes como para quedarnos a vivir en San Juan para siempre. Para intentarlo, por lo menos, salimos al medio día para empezar a probar sus sugerencias. Apuntarlas todas que no falla: para comer Fatties (comida casera), El Jibarito (un clásico de la comida tradicional), Quetzal (auténtico restaurante mexicano, mejor para cena); para un café el Cialitos (ecológico y rico); un helado, Sr. Paleta (artesanos y cremosos); barras para la tarde noche: Lúpulo o Factoría; y para la noche, para el baile, Newyorikan café.

A la mañana siguiente Eddy nos preparó un desayuno de los que solo consigue las personas que hacen las cosas poniéndole pasión y cariño. Unos huevos escalfados a su estilo, fruta fresca, jugo natural, agua de coco y café ecológico. Teníamos fuerza como para recorrer la zona colonial diez veces. En esa estábamos. Junto a Mariela, su hija, acompañamos a Eddy a La Perla. Quería enseñarnos el barrio, muy cercano a su hotel, dónde se grabó el videoclip más visionado de la historia. Nos referimos al vídeo musical de la canción “Despacito”. Obra y gracia de dos puerto riqueños, Luis Fonsi y Daddy Yankee. 

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Nos hubiéramos quedado todo el día. Nos quedamos sorprendidos por un barrio lleno de arte callejero como La Perla y con una ubicación que ya quisieran las grandes cadenas hoteleras para sus alojamientos. Pero Leopoldo, nuestro guía en el Viejo San Juan, nos esperaba. Este viajero nato, con más de 120 países a sus espaldas, nos tenía preparado una visita diferente a la ciudad Nos encontramos en el Cementerio de María Magdalena. Allí nos contó la historia de personajes ilustres a través de sus tumbas.

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Después, subiendo una tapia del cementerio (que no se entere nadie) y llegamos a la parte trasera del símbolo de la ciudad, el Castillo de San Felipe del Morro. Junto a la costa y por detrás de la fortaleza, completamente solos, vimos lo que muchos no ven. Seguimos extramuros caminando mientras escuchábamos con atención la historia, el presente y el futuro de su país. Poco a poco fuimos bordeando una ciudad hermosa por el mismo sitio que discurre el mar que la baña.

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El calor apretaba y, en un lugar no apto para el turismo, pocas sombras había. Por la puerta de la ciudad, la de San Juan, subimos la calle más bella de todo el barrio, la Caleta de San Juan. Leopoldo supo suplir la ausencia de cobijo frente a mar con un regalo inesperado. En el Bar Rosa de España, regentado por José, un malagueño bien arraigado en Puerto Rico, había una cerveza Alhambra Reserva helada esperando. La charla y la cebada nos supo a gloria.

También, como colofón, nos tenía preparado una escapada para conocer Santurce, una zona de la ciudad muy interesante. Aquí se arremolinan los trabajos culturales callejeros, las expresiones artísticas más populares y, también, una buena zona para comprar (en su precioso y coqueto mercado) o para comer (en algunos de los restaurantes y bares para todos los gustos que pueblan las avenidas de Santurce). Si quieren descubrir una ciudad con otros ojos, no duden en escribir a Leopoldo (leopoldorosso@gmail.com). ¡Un crack!

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Y sí. Tenía razón. Nos lo dijo al final, casi antes de despedirnos. El Viejo San Juan, la ciudad colonial, se construyó siguiendo los planos de Cádiz. Tenía razón sin saberlo. Muchas veces es importante dejarse llevar y liberarse para sentir allá donde vas. Nunca sabes donde puedes dejar un poco de tu corazón repartido por el mundo.

Toro verde. La tirolina más larga del mundo

Uno de los días que teníamos en Puerto Rico lo guardamos para hacer algo que solo se puede hacer en esta isla, disfrutar de la aventura y subir la adrenalina por las nubes. Nos enteramos de que en Orocovis, a poco más de una hora de la capital, estaba uno de los parques de aventura más impresionantes que nunca hubiéramos ido. Se llama Toro Verde Adventure Park y es un imprescindible en una visita al “país”.

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El reto era mayúsculo. Nos habían retado a probar El Monstruo. ¿Qué es el monstruo? Os preguntaréis… Ni más ni menos que la tirolina más larga del mundo. En total mide 2,5 kilómetros de longitud. Esto equivale a 28 campos de fútbol y, para que os hagáis una idea, atraviesa hasta tres pueblos desde el inicio hasta la llegada. Además de esta atracción, cuenta con otro parque de tirolinas, La Bestia (un poco más pequeña que El Monstruo) y otras actividades que se pueden combinar.

Cómo os podéis imaginar la seguridad es una prioridad. Por eso, antes de montarnos en la tirolina, teníamos que pasar por una taquilla para recoger el material que es minuciosamente comprobado. Los nerviosos, sobre todo en el caso de MJ, se iban incrementando. Todavía no tenía la risa floja que da antes de dar el salto definitivo.

Cuando fuimos a la zona de salida (y despegue, porque prácticamente se vuela), empezó a caer una lluvia fina que amenazaba tormenta. MJ sería la primera en tirarse. Estaba casi lista. Parecía que la tormenta también quería darle más emoción al momento. Justo antes de que el monitor le preguntara por si ya estaba preparada, la nube empezó a descargar con fuerza. No había vuelta atrás. Boca abajo salió disparada hasta casi 60 kilómetros por hora sobre un paisaje verde alucinante. Ella, una vez satisfecha por haber pilotado a El Monstruo, esperaba con impaciencia mi cara. Cuando llegó mi turno tampoco había parado de llover. No me importaba. Me lancé y disfruté. Fue alucinante. La sensación de volar sobre un bosque infinito. La sensación de adrenalina que no acaba con un grito largo (el descenso dura más de un minuto). Olvidar todo por un instante. Sentir. Vivir.

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No fue fácil la vuelta a la calma. Estábamos extasiados. Si hubiéramos sido fumadores hubiéramos fumado el tabaco de la paz como hacen en las películas después de echar un buen polvo. Nosotros lo cambiamos por otro orgasmo de placer para que no decayera el climax. Dos copas de sangría con champagne bien frías y una picada para seis, aunque fuéramos dos, en el Restaurante Toro Verde. Conseguimos alcanzar la cima de la montaña del placer en una sola mañana.

PN Yunque

No es recomendable hacer tantas cosas el mismo día pero, después de la aventura, pusimos rumbo al Parque Nacional del Yunque. Para los inquietos que quieran hacer nuestra misma ruta, desde Orocovis hasta El Yunque se tarda poco menos de 2 horas. Desde San Juan el tiempo se reduce en menos de una hora de viaje.

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Este Parque Nacional, sin duda, es otra de las visitas imprescindible en una ruta de una semana por Puerto Rico. Se trata del único bosque tropical en el sistema nacional de bosques de todo Estados Unidos (sí, el país al que pertenece esta nación). Se puede acceder a él de forma libre y gratuita a través de los senderos que salen de la carretera 191. Muchas guías no lo especifican y marca el acceso como de pago, cuando no es así. Lo que si hay que pagar es la entrada al Centro de Visitantes El Portal, que está en el kilómetro 4 de dicha carretera.

Cuando llegamos, el centro de visitantes ya había cerrado. Hicimos el intento y conseguimos pasar. No era lo que queríamos. Veníamos en busca de bosque y senderos para andar. La guardaparques que nos atendió fue la que nos dio las nociones. Carretera arriba y a explorar. Se nos echaba el tiempo encima y la luz, entre los árboles y ramas que hacen muy tupido este tipo de ecosistemas, se iba apagando. Conseguimos llegar al kilómetro 11 tras sortear decenas de curvas. Allí empezaba el sendero de La Mina. No lo hicimos completo pero nos sirvió para hacernos una buena idea de lo particular y especial de este lugar. No solo en Puerto Rico sino en buena parte del Caribe.

Para los amantes del trekking y la naturaleza, os dejamos un mapa con todas las rutas.

A penas había luz para volver caminando. Nos faltaba devolver nuestro coche de alquiler y descansar plácidamente la última noche en San Juan antes de volver a España. Después de llevar a cabo nuestra ruta para disfrutar de Puerto Rico en una semana podemos decir que lo conseguimos de lejos. Cuando uno añora la tierra que pisa antes de marcharse, es que siente algo especial por ella. Eso nos pasó con este “país”…, con esta Isla del Encanto…

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Consejos

  • Cómo moverse. El transporte es algo complejo en Puerto Rico. La mala copia del modelo americano ha hecho que la movilidad en vehículos públicos sea prácticamente inexistente. En desplazamientos interprovinciales es un verdadero dolor de cabeza. Las opciones para moverse con libertad de movimiento pasan por alquilar un coche. Nosotros es la que recomendamos, sin lugar a dudas. Os valdrá el carnet español para alquilar. La otra, un taxi, pero se comparte con otros viajeros o es una locura de dinero. En el caso de los trayectos urbanos, se puede optar por furgonetas públicas compartidas con rutas pre establecidas o, incluso, el uso de Uber, cada vez más extendido.
  • Transporte gratis en Viejo San Juan. En la zona colonial existe un servicio de trolle gratuito para turistas (tren eléctrico). Tiene paradas señalizas en varios puntos de la ciudad y sirven para moverse de un sitio a otro o, sobre todo, para tomar un poco de respiro entre monumento y monumento.
  • Moneda. Dólar. Puerto Rico es un estado libre asociado que pertenece a Estados Unidos. En esta caso no hay dudas, la única moneda que se usa es el dólares. Es casi mejor traerlo ya cambiado porque la comisión para sacar en los cajeros es cara y las tarifa de las casas de cambio no difieren tanto de la de los países de origen.
  • Visado. Para entrar en Puerto Rico, al depender de los Estados Unidos, exige a los viajeros el ESTA. Este documento puede gestionarse directamente por internet y tiene una validez de 2 años. Es muy importante tenerlo en regla antes de llegar al país.
  • Seguro de viaje. Puerto Rico es, en general caro. Pero si hay algo prohibitivo, al igual que en los Estados Unidos, es la sanidad. Por eso, para no llevarse una desagradable sorpresa, es muy muy recomendable contratar un seguro que cubra una buena cantidad de dinero. Nosotros viajamos a Puerto Rico con el seguro estrella de Iati Seguros que tan bien nos funciona en todo el mundo. Por ser nuestro lector te ofrecen 5 % de descuento.

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4 comments on “Qué ver en Puerto Rico en una semana

  • Maruxaina Bóveda says:

    Acabo de darme cuenta de lo interesante que es Puerto Rico, reconozco que apenas conocía sus playas y poco más. El Hix Island House me parece increíble y me encantarí aprobar la tirolina!!!
    Un abrazo guapos!

    Reply

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