Ruta por Marruecos hasta el desierto: V expedición de El Club de la Aventura

Actualización: 24 septiembre, 2020

No existen dos viajes iguales. Aunque inevitable, las comparaciones son estériles. Cambian los paisajes, cambia el clima, cambia el entorno pero, sobre todo, cambian las personas. Esta Semana Santa 2016, por segundo año consecutivo, El Club de la Aventura de Atomarpormundo repite ruta por Marruecos tras el éxito de la edición pasada. Aunque lo parezca, nada se asemeja.

Nuestra propuesta para esta Semana Santa era ambiciosa. MJ se iría con un grupo a Turquía y yo, JP, con otro grupo a Marruecos. En mi caso la sucesión de viajes se solaparon (una semana antes de partir a Marruecos estuve de prospección en Turquía). En el engranaje de la vida, al límite, no puede fallar nada. Solo tenía unas horas desde que aterricé de Estambul y hasta que partíamos a Marruecos. El tiempo de cambiar las mochilas, descargar las fotos y poco más.

Pero claro, los imprevistos existen. A las 00.30h quise comprobar el nombre del chófer que nos esperaría solo unas horas más tardes. Por circunstancias ajenas a nosotros nadie había reconfirmado el servicio. Un imposible, encontrar al encargado de la empresa de autobuses y montar un servicio en poco menos de cuatro horas.  ¡En torno a las dos de la madrugada estaba todo solucionado! ¡Sin emoción y sin horas de sueños no se podría empezar una nueva expedición de Atomarpormundo!

Cómo llegar a Marruecos de forma barata

Las caras de sueño, cuando por primera vez se reunió el grupo a las seis de la mañana en El Puerto de Santa María, mi tierra, se mezclaban con rostros repletos de ilusión, de incertidumbre para esta ruta por Marruecos. Nos esperaba un largo viaje hasta Marruecos, primero en bus a Tarifa, después en ferry rápido a Tánger con la compañía FRS y más tarde siete horas hasta Marrakech. Era 19 de marzo, el día de San José, el día del padre, el de nuestro santo. Pero en este 2016, al menos para mí, será el de los atentados en Estambul.

Cuando luchaba con los policías y los pasaportes del grupo para intentar aligerar el proceso en la aduana, recibí un mensaje de texto con el que sentí escalofríos. Anunciaba que un terrorista se había inmolado en la calle más concurrida y turística de la capital de Turquía, donde en esos momentos estaba la otra expedición a cargo de MJ. Cerca, muy cerca. Pero, controlamos la situación.

Comienza la expedición por Marruecos

Dejando los kilómetros atrás se fue enderezando mi atropellado arranque de expedición. Frente al mar, a las afueras de Rabat, la capital del país y donde llegamos por equivocación del conductor, compartimos el primer almuerzo de todos los que vendrían. En ese momento, cuando todo el grupo supo cambiar el error por oportunidad, me di cuenta que había muchos mimbres para momentos inolvidables.

Marrakech

Pasado el atardecer, por fin, llegamos a Marrakech. Era sábado. La ciudad era pura efervescencia. Vendedores ambulantes, titiriteros, funambulistas de la vida… A pesar del cansancio teníamos que estirar las piernas y meternos en esa coctelera agitada. Acabamos en el puesto número 14 de la Plaza Jamaa El Fna para comer pescado a imagen y semejanza de los marroquís. A penas quedaban energías más que para tumbarnos en las camas del Riad Faouzi, a un minuto de donde estábamos. Visitaremos Marrakech a la vuelta de nuestra ruta por Marruecos.

Cordillera del Atlas

El desayuno despierta a todos. Pan con mermelada y miel, crepes, zumo de naranja natural, café, té moruno… ¡Hay ganas de pasarlo bien! En el bus empezamos con la introducción a la cultura árabe de la mano de Abdoul o Abderrahim, nuestro guía local que habla español y que se suma al equipo. Empezamos con los números y las palabras básicas. Nos espera un grande, el Alto Atlas. Debemos de cruzarlo por el Puerto de Tischka. En este punto me acuerdo de los expedicionarios del año anterior cuando nos hicimos una foto de grupo. Empieza a oler el desierto. Algunos comienzan a ensimismarse con los paisajes.

Lo que nunca parece que va a ocurrir, ocurre. Empezamos a contarnos en el bus y falta uno. Sí, no es una leyenda urbana. Julio, uno de nuestros hombres, se quedó en el camino. Su madre, Inma, por suerte se dio cuenta antes de llegar a nuestro destino. Fue rápido. Vuelta a recogerlo y una “cateada” para que no volviera a ocurrir. La primera gran anécdota ya estaba aquí.

Cordillera del Atlas

Ouazarzazate

Ouazarzazate, el lugar del famoso plató natural de cine, era la próxima parada. En Les Jardins, un hotel con un restaurante exquisito, repusimos fuerzas con un clásico de la dieta marroquí, el Tajín de pollo. Y que nadie se entere, regado por un vino del montón que supo a gloria.

Ya solo quedaba cruzar el hermoso Valle del Draa para llegar a nuestro destino, Ait Isful. El tamaño del autobús volvió a hacer que el final del camino lo hiciéramos a pie. Era noche cerrada pero no pesó. La luna llena alumbró nuestros pasos.

Ait Isful

Para los días de extenuación, en este caso por las horas de bus, los marroquís saben bien que el mejor remedio natural tiene nombre propio, la Harira. Esta sopa tradicional la toman para romper el Ramadán y sienta, para que nos entendamos, como el caldito del puchero al final de una noche de fiesta.

Campamento en Marruecos

No fue lo único que nos despertó. El con mucho azúcar, el auténtico wisky bereber, nos levantó de las alfombras y los cojines para bailar al ritmo de la música árabe. Esos los más. Unos cuantos apostaron por llevar ritmos latinos al pre-desierto. Sobre la arena fría, la salsa y la bachata, fueron acercando un poquito más a los expedicionarios. El cariño empezaba a triunfar.

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