Día 2, 3 y 4: Manali, un lugar imprescindible junto al Himalaya

Manali, un pueblo situado al norte de La India a 2.000 metros de altura, a las faldas del Himalaya, es el oasis necesario entre visitas a grandes ciudades. Para nosotros, el gran descubrimiento de la expedición, un destino por el que apostamos desde el principio. El lugar donde fuimos felices.

La mejor forma de llegar a Manali desde Delhi es en autobús de línea estilo Pullman (Volvo). Entre montañas, el destino es recóndito y poco accesible. En total 560 kilómetros y 12 horas de tortuosa conducción y muchas curvas que, por si te queda alguna duda ahora que lo estás leyendo, merecerán la pena.

Manali

En esta zona del estado de Himachal Pradesh nos esperaba un programa de actividades completo. Tras dejar nuestras pertenencias en el Hotel Rishi Palace (otra buena opción es el The Green Mountain Lodge) nos pusimos manos a la obra. Primero, muy temprano fuimos a darnos un baño en unas aguas termales sagradas y luego hicimos una vuelta de prospección por el pueblo de Jagatsukh, a seis kilómetros, para conocer su templo hindú. Allí asistimos a la ceremonia ‘pooja’ y aprendimos más de esta religión tan desconocida para la mayoría. A un ritmo tranquilo, como marca el mundo rural, fuimos descubriendo sin mapa ni pretensiones los pequeños rincones de esta hermosa zona. Su característico olor, a una de las mejores marihuanas del mundo, nos acompaña todo el camino. También el aroma a momo recién hecho.

Manali

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Antes de comer, para abrir boca, subimos al Templo de Sush. Fue rápido. La gente ya estaba pensando en lo que habría en la mesa, o en el suelo, como marca la tradición. Nos esperaba una genuina comida india con una familia local. En círculo, sentados sobre varias alfombras, fuimos sirviéndonos arroz, curry con carne, verduras y un exquisito postre de arroz naranja dulce (una especie de Kheer).




Después, para la sorpresa de los indios, les pedimos algo extraño: invadir su salón para ponernos en posición horizontal, necesitábamos ¡una siesta!  Después, seguimos. La vida en los pueblos, en el mundo natural, es más calmada, más auténtica, sobre todo cuando el wifi no funciona. De un “problema” hicimos una virtud y toda la noche disfrutamos de juegos de mesa como antaño. Cuánto se echa de menos los momentos de desconexión, de disfrutar con las personas sin interferencias. Hasta Manali tuvimos que llegar para conseguirlo 😉

Manali

Para el día siguiente teníamos uno de los platos fuerte, una caminata por el Hamta Valley, un sendero por las estribaciones del Himalaya (10 propuestas de trekking en Manali). Antes, de camino, paramos en una escuela rural en una pequeña aldea. En este centro de alumnos de primero a quinto conocimos más sobre el sistema educativo indio. Lo que más nos sorprendió fue el fabuloso comportamiento de los niños y niñas en las aulas. ¡Ya les gustaría a sus señorías en el Congreso de los Diputados comportarse la mitad de bien que estos chavales!

VÍDEO: Nuestro aprendizaje en la escuela de Manali

Manali

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El camino por el valle estuvo guiado por Avi, un experimentado guía de montaña que junto a Norno y Yograt, nuestros anfitriones, hicieron que Manali fuera inolvidable. Los paisajes, de alta montaña, estuvieron amenizados por el grupo. A cada paso una ocurrencia, un chiste, una buena charla. Los kilómetros se fueron quedando atrás y el cansancio casi que no se sintió.

No obstante, para recargar las energías, nos esperaba un almuerzo local en un campamento situado entre montañas, con un sol radiante y una magia especial que hacía que pareciera más un decorado de un anuncio de Estrella Damm que algo real. Junto al merendero, para ampliar el buen rollo, había una cuerda para hacer equilibrio. Todos lo intentamos con mayor o menor suerte. Solo dos (hay incluso pruebas gráficas) lo consiguieron: Marcos y Javi. Pudieron dormir tranquilos después de los 154 intentos previos. Por la noche, para despedirnos de este lugar, hubo cena de gala en un italiano riquísimo, Pizza Olive.

Manali

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La última mañana en Manali fue prodigiosa. Amaneció lloviendo. El olor a petricor era tan intenso como el olor a café por las mañanas. La naturaleza invitaba a una sesión de yoga en una de las capitales mundiales de esta forma de meditación y ejercicio. Entre la vegetación todavía húmeda encontramos el sitio perfecto. Vigendar, nuestro profesor, ayudado por Isa con las traducciones, fue acercándonos poco a poco con la naturaleza. La bruma matinal convirtió el lugar, entre nubes, con el sonido del río y los pájaros, en un rincón con un magnetismo muy fuerte. Las caras de alegría a la vuelta eran evidentes. Volvíamos a ser felices en Manali.

Manali

Solo quedaba algo por hacer. Una ruta en bici por la zona. Para las batallas de bar, y sin mentir ni ápice técnicamente, una ruta en bici por el Himalaya. El desnivel, como es evidente, era pronunciado y, sobre todo, el calor asfixiante que subía a cada minuto. Pero la fuerza de voluntad hizo que la satisfacción fuera máxima para todos los que lo acabamos: Javi, Marcos, Cristina, Curro, Dani, Lucía, Azuzena, Pilar, Belén, María José y un servidor.

Las que iban en la furgoneta de apoyo animando imaginamos que también lo pasaron bien aunque sufrieran menos: María, Isa, Inma y María José. Otros lo intentaron al máximo aunque no acabaran como Manolo y Brenda. Y todos, ya en grupo y sin excepción, lo que hicimos fue disfrutar del festín gastronómico intercultural hispano-indio que prepararon los chef Anabel y Antonio a base de tortilla de patatas con sal del Himalaya, chacinas ibéricas y el gazpacho con agua de manantial del Himalaya elaborado junto a Curro y las pinches de cocina, que se quedaron en el hotel, Ángeles, Laura y Manoli. Delicioso final para celebrar en familia los días en los que fuimos felices.

Manali

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One comment on “Día 2, 3 y 4: Manali, un lugar imprescindible junto al Himalaya

  • Qué bien están los chicos en los baños termales, me imagino que las chicas también habéis disfrutado de uno igual

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