Guía útil para descubrir Jordania, un viaje a las emociones

Expedición Jordania 2017 (9 al 15 abril)

Jordania es un viaje a las emociones. En pocos kilómetros (su tamaño equivale a Andalucía, nuestra tierra), se puede hacer todo lo que te  imagines: bañarte en el Mar Muerto, el punto habitado más bajo de la Tierra; deslumbrarse con Petra, una de las 7 Maravillas del mundo; bucear en el Mar Rojo, uno de los más bonitos que existen; o aventurarse en el Desierto de Wadi Rum, del que dicen que es uno de los más bellos del planeta.   

En esta ocasión hemos conocido este país con una de las expediciones que organizamos con el Club de la Aventura. Y lo hemos hecho de forma auténtica, intensa y con mucha aventura. Para todos los expedicionarios ha sido una experiencia inolvidable y aquí, aunque sea difícil, vamos a resumir lo vivido. Ya sabes que si quieres apuntarte a nuestras expediciones lo puedes hacer aquí.

guia de Jordania

Cómo llegar y documentación

La mejor forma de llegar hasta Amán, la capital de Jordania, es hacerlo con su aerolínea de bandera, Royal Jordania. Tienen salidas semanales desde Madrid o Barcelona. Nuestro viaje partió desde la capital condal, el punto de encuentro de todos los expedicionarios que llegaban desde Andalucía, Madrid, Barcelona, Holanda… Nosotros elegimos estos vuelos para llegar a Jordania a un precio razonable.

 

Para acceder como turista desde España y la mayoría de países de la Unión Europea es necesario tener el pasaporte en regla con una vigencia de al menos 6 meses y un visado. Conseguir el visado, en el caso de que vaya un grupo de más de 5 personas, es gratuito. En el caso de ser menos, hay que pagar 40 dinares jordanos. En cualquier caso, a la llegada, antes de salir a la zona de recogida de equipajes, hay personal que asiste al viajero para la gestión del visado. En un rato, no es inmediato, tendréis vuestro sello puesto en el pasaporte y podréis poner acceder a Jordania.

En cuando a las divisas, si no tenéis más remedio que cambiar, hacerlo por lo mínimo posible. El cambio es muy malo en el aeropuerto. Ya en la ciudad, en las oficinas de cambio Abu Sheikha, con varias sedes repartidas por Ammán, tendréis el mejor cambio del país. Para llegar desde el aeropuerto internacional lo mejor y más rápido es coger un taxi. Por unos 15 dinares llegaréis a vuestro destino. En el caso de que queráis optar por el transporte público, existe un servicio regular hasta la estación de buses de Amán. Ambos trayectos duran menos de 1 hora.

Jerash y Castillo de Ajlun

La primera noche la pasamos en Ammán, en el Hotel Ream, alejado del centro pero limpio, amplio y muy bien situado para nuestra primera visita, Jerash (8 DJ, de 7 a puesta de sol).

Gerasa, su nombre castellanizado, está a 48 kilómetros de la capital jordana. Esta antigua ciudad romana, desconocido para muchos, representa una de las urbes más importantes y mejores conservadas de Oriente Próximo. A primera hora, mucho antes de que llegaran las hordas de turistas, fuimos los primeros en caminar por sus calles pavimentadas entre columnatas, por su antiguo hipódromo o entre sus enormes templos o hermosos teatros. Por momentos, entre un patrimonio muy bien conservado, se sentía la grandeza de los romanos en el siglo I, la época de máxima prosperidad de esta ciudad que llegó a alcanzar un tamaño de casi un millón de metros cuadrados. Todos descubrimos juntos esta joya arqueológica que nos dejó con la boca abierta.

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Hoy era día de visitas escolares. En Jordania la educación está segregada por género. Era el día de los colegios de chicas. Tanto en Jerash como en nuestra siguiente visita, el Castillo de Ajlun (2 DJ), la alegría la ponían ellas. Con cantos, bromas y queriendo conocer al extranjero, pronto se mezclaron con nosotros. Algunos turistas, estúpidos, se quejaban de que no podían ver el monumento (una fortaleza construida en el siglo XII) por la multitud y el jaleo. Nosotros, todo lo contrario. Estábamos encantados de compartir la visita con el pueblo jordano, cantar con ellas, aprender de ellas.  

Lo mejor de la visita al castillo, sin duda, fue la excepcionalidad de las visitas escolares y las vistas desde lo más alto. Desde las torres se divisan las fronteras naturales y administrativas que rodean a Jordania. En este caso el tema no es adalid. Jordania, una isla de paz entre naciones en guerra, limita al norte con Siria, al noreste con Iraq, al este y sur con Arabia Saudita y al oeste con Israel y Palestina. Desde este punto, con días de buena claridad, se puede divisar la mayoría de territorio y entender, un poco mejor, la caprichosa geografía de Oriente Medio.

Ammán

Nuestro guía local, Mohamed, que sin conocer al resto podemos afirmar con rotundidad que es uno de los mejores del país, nos tenía firmes y bien enseñados. Cuando todavía no era ni el medio día, ya habíamos visto con calma muchos lugares espectaculares. Era ahora el momento de volver a Amán y reponer fuerzas. Para hacerlo nos llevó a un restaurante genuino de comida jordana, Tawaheen Al Hawa (Don Quijote). Los “mezze”, los entrantes, marcan el comienzo de un almuerzo de los que no se olvida. El archipresente hummus, puré de garbanzo con aceite de oliva y zumo de limón, preside la mesa. También hay hueco para el muttabal, similar al hummus pero de berenjena. Hay aceitunas de varios tipos. También fattayer y kubebeh, una especie de empanas y albóndigas rellenas. Para almorzar, el plato principal, fue a base de carne especiada deliciosa. Y los postres, para lo que en Jordania siempre hay que dejar hueco: knafeh, baklava, halawa

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Después del homenaje, queríamos conocer un poco más de Amán, la capital de Jordania. Esta ciudad llena de contrastes mezcla las zonas modernas con el centro, antiguo y tradicional. Probablemente no sea el lugar con más cosas que visitar del mundo (Ciudadela, centro, varios museos según gustos, etc.), pero sí merece la pena reservarle un poco de tiempo para pasear por sus calles, pulsar el ritmo de su vida cotidiana, conversar con los locales y disfrutar de la exquisita educación y hospitalidad de los jordanos.

Madaba y Monte Nebo

Nos despedíamos de Amán. Era el momento de poner rumbo al sur. La primera parada, a 35 kilómetros de la capital, es Madaba. La conocida como “Ciudad de los mosaicos” guarda un tesoro por el que merece la pena una parada rápida. El mapa de Madaba, un mosaico-mapa de la era bizantina con las representaciones más antiguas que se conservan de Jerusalén y Tierra Santa, está expuesto en la Iglesia griega de San Jorge (1 DJ). Aparte de esta importante visita, la ciudad no ofrece mucho más. Como curiosidad, por si queréis traer de vuelta un regalo original, en esta ciudad es habitual encontrar muñecas “Barbies” customizadas con las trajes y vestidos al estilo tradicional. Por 2 o 3 DJ os podréis llevar vuestra muñeca jordana.

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La siguiente escala tiene mucho de importante, aparte de valor histórico y patrimonial, para los cristianos. El Monte Nebo, a pocos kilómetros de Madaba, se cree que fue el lugar donde se enterró a Moisés. Sin duda, es el lugar más venerado de Jordania y, para muchos, considerado Tierra Santa. Precisamente desde su mirador, como hiciera el profeta, se puede apreciar la inmensidad del paisaje del Valle Jordán, el Mar Muerto y Jerusalén que se abre ante vosotros.

En este lugar, con acceso libre, además del paisaje se puede ver la iglesia conmemorativa de Moisés en la que se exhiben una gran variedad de mosaicos. También se puede charlar con alguno de los franciscanos que, por mandato histórico de la iglesia, custodian todos los lugares de Tierra Santa. En nuestro caso charlamos con un fraile llegado desde Brasil que nos contó muchos detalles y curiosidades de cómo vivían ellos la Semana Santa que se estaba celebrando en esos momentos.

Mar Muerto

Llevábamos mucho tiempo hablando y pensando en cómo sería la sensación de bañarse en uno de los lagos con mayor concentración de sal del planeta y el punto habitado más profundo del mundo. ¡Por fin llegamos! Para darse un baño en estas aguas hay dos opciones. La propuesta que hicimos y que es la que más merece la pena. Usar un balneario habilitado con vestuarios, duchas, piscina, restaurante y acceso privado al Mar. Nosotros elegimos el Amman Tourist Beach. Por unos 10-15 DJ podréis hacer uso de sus instalaciones. O, la alternativa, buscar un hueco libre en la playa y sufrir después con los kilos de sal con los que tendrás que cargar hasta que llegues a tu hotel.

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Sea como fuere, el buen rato y la sensación única de flotar en el agua, como dicen los ingleses, no tiene precio. En grupo y yo (JP) fuimos entrando al agua mientras compartíamos impresiones. La sal se sentía en la piel como una fina capa de crema sin extender. Una vez puestos en posición vertical, se confirmaba lo que aprendimos en clase de física y química, flotábamos contra todos los elementos. El agua, enemigo de los ojos por la alta salinidad, era nuestro lugar de recreo. La natación sincronizada aquí es más fácil, también leer un periódico tumbado en el agua… son fotos típicas pero no menos esperadas.

Para después llega lo mejor: el baño en barro. De calidad discutible, en cubos que están en la playa por unos pocos dinares, puedes embadurnarte de esta loción natural. No pudimos comprobarlo científicamente, pero parece que el invento funciona. Independientemente de la limpieza de la piel, bien embadurnados, como auténticos carboneros, jugamos a ser niños. No queríamos que pasara el tiempo. El aclarado queríamos que se pospusiera un poquito más.

Petra

En el ecuador de nuestro viaje llegamos a Wadi Musa, el cuartel de operaciones para visitar Petra. Lo hicimos por un lugar del que las guías no hablan, la Autopista del Desierto. Realmente no tiene nada de autopista, de hecho hay dos carriles y muchas curvas pero el paisaje es espectacular. Apenas circulan coches y, si coincides al atardecer, como fue en nuestro caso, querrás parar a cada metro para gastar toda la memoria de tu cámara.

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En Wadi Musa estábamos alojados en 7 Wonders Hotel, un hotel con muy buena calidad precio situado cerca de las ruinas. Nos recibieron con una cena de lujo, la de los días de fiesta, a base de su plato nacional más afamado, el mansaf: arroz con cordero, almendras y salsa de yogurt.

Amaneció pronto para nosotros. Fuimos los primeros en entrar en las ruinas de Petra (50 DJ). Los primeros pasos dentro del complejo arqueológico son de incredulidad. Después de tantos sueños en los que nos trasladábamos a la “ciudad perdida”, no alcanzábamos a creer que puedas estar allí de verdad.

Conforme el sol va subiendo y calentando más, nos acercamos a la entrada del que fuera reino nabateo. A estos señores, como a los  incas en Machu Picchu o los jemeres en Angkor, habría que ponerle una estatua en homenaje más grande que Júpiter. Ellos fueron hombres y mujeres de otro planeta. Si no, evidentemente, no se entiende como crearon estas maravillas de nuestro mundo.

Todavía no hay apenas turistas. Ya estamos dentro del impresionante sij, el camino natural que lleva al tesoro. Antes de la última curva que da uno de los lugares más deseados por los viajeros, Mohamed, nuestro guía, nos detiene. Nos explica algunos detalles para apreciarlo con más gusto y nos invita a caminar unos metros para soñar despiertos. Ante nosotros aparece una impresionante facha, de película (la de Indiana Jones y la Última cruzada), Al – Khazneh, el Tesoro.

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Hasta el siglo XIV, Petra era completamente desconocida para occidente. Ahora somos unos afortunados. La piel se eriza, los sentimientos están a flor de piel. La belleza apabulla. Lo que estamos viendo es una auténtica Maravilla del Mundo. Y no hemos hecho nada más que empezar. Probablemente, el “tesoro” sea el referente de Petra pero, ya os aseguramos, que no es lo único que hay que ver.

A paso firme nos adentramos por caminos no habituales para los turistas para ver la calle de las fachadas desde las alturas. También tuvimos tiempo para ver el teatro. Y, por supuesto, después de 900 escalones, llegar hasta el Monasterio de Petra. Si nos preguntan si el esfuerzo merece la pena, la respuesta es clara: ¡por supuesto!

El día estaba a punto de terminar. Estaba extasiado. Creía que nada podía volver a vulnerar mis emociones. Pero le hice una pregunta al guía, que hizo que me diera un vuelco el corazón.  “Mohamed, ¿dime las 7 Maravillas del mundo moderno?” Empezó a enumerar los lugares más impresionantes del planeta uno a uno. “El último era Petra. Sí”. Casi sin darme cuenta había completado una gesta simbólica y de la que sentirse orgulloso, habíamos estado en las 7 Maravillas del Mundo Moderno.

Desierto de Wadi Rum

Parecía que nada podía superar a Petra. Pero lo que se avecinaba parecía que, cuanto menos, iba a empatarle. Antes de poner rumbo al Desierto de Wadi Rum hicimos una de las visitas de la que más orgullosos nos sentimos desde el Club de la Aventura. Siempre nos gusta conocer la realidad de los países e incluimos las escuelas en nuestros recorridos. En Wadi Musa visitamos el Colegio Público de Fátima. Junto a su amable directora, el equipo de profesores y los alumnos y alumnas, conocimos un sistema del que sentir envidia en muchos aspectos. Aprendemos y desaprendemos. Construimos y rompemos mitos.

Wadi Rum parece de otro mundo. Este desierto no es como el resto. El particular color de la arena, de un rojo único, su paisaje, salpicado de formaciones montañosas y la grandiosidad de este hermoso territorio, lo hacen único. Para visitarlo hay que pagar una tasa en el puesto de información a la entrada y contratar los servicios de un 4×4 con guía/conductor. Tendréis que optar entre una visita de pocas horas, hacer noche en camping salvajes o en campamentos preparados con todo lujo de detalle.

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Puede ser que en este punto nadie nos crea. Empezamos a caminar tras los pasos de beduino que nos marcaba el camino. En la inmensidad solo estábamos nosotros. Los colores del desierto cambiaban a nuestro paso. Para resguardarnos del viento, que soplaba fuerte, el hombre del desierto nos llevó al abrigo de una montaña rocosa. Cuando terminamos de comer un pic nic que supo a gloria, lo increíble, sucedió. Empezó a llover en el desierto. De forma intermitente pero intensa.

Quedaba ya poco para el campamento. Allí estaban los beduinos esperándonos con una taza de té caliente para recuperarnos y preparando el zarb, el horno bajo la arena en la que iban a preparar nuestra cena. Bajo la tienda hecha con piel de cabra, veíamos llover. El rojo del desierto se tornó en un color único que sólo se ve dos veces al año, cuando llueve por estas tierras desérticas. El placer era indescriptible. El olor a petricor, a tierra mojada, el silencio y la naturaleza más humilde y a la vez más espectacular que nadie pueda imaginar se conjugó para crear el momento perfecto.

Mar Rojo

Solo nos quedaba un lugar que visitar que no estaba inicialmente incluido en el plan del viaje, el Mar Rojo. Como pensamos que los viajes están vivos y nos encanta improvisar para aprovechar los momentos que nos regala el camino, decidimos cambiar nuestros pasos y encaminarlos al que dicen es uno de los mejores lugares para bucear del mundo.

Aquí, como en el Mar Muerto, también se puede optar por bucear en los corales cercanos a las playas públicas o reservar un barco que te lleve a los puntos de mejor buceo de la zona. El precio, la comodidad y asegurarse ver vida marina, son los puntos que lo diferencia. Nosotros, teniendo en cuenta lo único del lugar, optamos por hacer snorkel con una de las más veteranas y mejores empresas, Sea Guard.

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Como señores y señoras, para acabar la expedición por todo lo alto, nos montamos en un yate que nos llevó a varios puntos de buceo. Con todas las comodidades posibles (ducha, lugares para cambiarnos, bebidas, equipo de buceo gratuito…) pasamos nuestro último día en Jordania. En la primera parada, cundió el pánico antes de tiempo. Estaba lleno de medusas. Decían que no picaban. Y, cuando las cogieron los guías y lo comprobamos por nosotros mismo, alucinamos. Por primera en nuestra vida íbamos a nadar y bucear junto a cientos de medusas inofensivas. Sí, la imagen bajo el agua fue irrepetible. El movimiento de estos animales tiene mucho de hechizo. Nadie podía despegarse de ellas. El color, la textura… todo era nuevo para nosotros. Los mismos que tantas veces las repudiamos, ahora deseábamos tenerla cerca. Las emociones, las mismas que aparecieron desde el primer día, llegaron para no irse.

 


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5 comentarios en “Guía útil para descubrir Jordania, un viaje a las emociones

  • deeuskadizalmundo says:

    ¡Ooooh! ¡Qué ganas de tener una barbie jornada, y sobre todo de conocer Petra y el desierto! Y de probar su gastronomía, claro que sí… ¡Ahora tenemos todavía más ganas de ir compis!

    Reply
  • Petra y el Mar Muerto son uno de mis dos sueños viajeros. Viendo a Jose Pablo leyendo la revista y leyendo la historia del barro aun me entran más ganas d eir por allí.

    Un saludo chicos

    Reply
  • Me ha encantado leeros y más ganas me ha dado para ir a Jordania. ¿Tenéis el contacto de vuestro guía?¿Cómo lo veis para hacerlo por libre?

    Reply

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