Todo lo que necesitas saber para viajar a Taiwán

Taiwán es un país que, para muchos, está lejos, suena raro o, simplemente, no lo conocen. Con esta guía de la Isla Hermosa, como lo llamaron los portugueses, queremos que descubras un territorio de Asia en el que la naturaleza y la gente te cautivarán.

Documentación para entrar al país

Taiwán es un país muy sencillo para visitar por parte de los occidentales en muchos aspectos. El primero, y más importante, es que si tienes pasaporte de la Unión Europea con una validez de al menos 6 meses, tu Visa de turista, hasta 90 días, es gratis. No hay que hacer gestión previa y se consigue en el mismo aeropuerto al aterrizar.

Para otros pasaportes, el visado sí que tiene costo y hay que aplicar previamente a la llegada para conseguirlo. Aquí os dejamos el enlace oficial del gobierno taiwanés para que salgáis de dudas.

Cómo llegar

Taiwán está muy bien conectado con el mundo, a través de los enlaces con su país vecino, China. Una buena opción para conseguir pasajes baratos es volar a Shanghai, Pekín o Hong Kong y desde ahí conectar con Taipei, la capital taiwanesa. Las compañías que operan estas rutas son muchas. Lo mejor, para no volverse loco, es usar un buscador de confianza para encontrar las mejores ofertas.

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Para llegar desde su aeropuerto hasta el centro existen dos tipos de trenes, el express y el commuter. Los dos hacen un recorrido similar pero el express tarda sólo 30 minutos en llegar a Taiwan Main Station., el centro. El billete vale 80 TWD (2,5 euros). Lo mejor es que os hagáis con la Easy Card y recarguéis.



Cómo moverse por el país

Taiwán es un país relativamente pequeño, aproximadamente del tamaño de la comunidad autónoma de Extremadura, en España. Por eso los traslados no serán un problema. Además, el país cuenta con una red de transportes bastante eficaz.

En la capital, lo más importante es hacerse cuanto antes con la Easy Card. Se pueden comprar Eleven, Family Mart,… por 100 TWD (3 euros) en las estaciones y comercios de conveniencia. Taipei tiene una completa red de metro que llega, prácticamente, a todos los lugares que necesites. Los precios de los billetes empiezan en 16 TWD (0,5 euros). Las estaciones de metro tienen muchas salidas, así que será mejor comprobar los mapas para evitar caminatas en balde por debajo de tierra. En Kaohsiung, una gran ciudad al sur del país, también cuentan con servicio de metro.

Para recorrer el resto del país, las dos principales opciones son el tren o el coche de alquiler. Nosotros optamos por alquilar un coche puesto que pensamos que nos daba mayor libertad. En Taiwán no hay excesivo tráfico, salvo en las grandes ciudades, es seguro conducir, y las carreteras están en buen estado. Nosotros hicimos la reserva desde España porque, además de ahorrar mucho dinero, es más sencillo por el tema del idioma. Nosotros decidimos buscar la mejor oferta y la encontramos.

Si optas por el tren debes saber que es otra gran opción. Las líneas ferroviarias hacen casi un círculo completo a toda la isla. Hay distintos tipos de trenes en función de la velocidad y clases en las que varía la comodidad. Para comprobar la disponibilidad, horarios y precios, ofrecen esta fabulosa página en inglés.

La última opción, para los más aventureros, es hacer autostop. Aunque es cierto que los locales lo practican poco o nada, es bastante sencillo que los taiwaneses se paren por querer ayudar al viajero.

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Seguridad y sanidad

Taiwán encabeza todos los ránkings de países más seguros del mundo. En esta isla es complicado tener la sensación de peligro o inseguridad. Los locales, por el contrario, siempre están atentos a los viajeros y los protegen siempre que estén en su mano. En las grandes capitales, como en cualquier lugar, siempre hay que extremar las precauciones contra los carteristas, principalmente en los mercados nocturnos, que están atestados de gente (muchas buenas pero, seguro que alguno malo).

Respecto a la sanidad, tuvimos la suerte de no tener que probarla. No obstante, en cualquier viaje siempre es muy recomendable tener un buen seguro de viaje para evitar costos muy altos en caso de necesitar cualquier atención médica o de asistencia. Nosotros, por las dudas, viajamos con nuestro seguro de viaje y siempre nos saca de todos los apuros en los que nos encontremos. 

Ruta de una semana

Mapa TaiwanTaipei, Hualien, Taroko, Sun Moon Lake, Beipu, Wulai, Taipei

Nuestra ruta en Taiwán empezó en Taipei, en donde aterrizan principalmente los vuelos internacionales. Desde allí, en coche de alquiler que reservamos desde España nos dirigimos a nuestra primera parada en este viaje, Hualin, a unas 4 horas al este del país.

En esta aventura, a la que hemos puesto #atomarXasia, nos acompaña Félix. Todos tenemos un alma gemela, la mitad de una vida con la que se comparten gustos, pasiones, la fecha de nacimiento, la marca y el modelo del coche… Esas personas existen. Muchas veces pasan desapercibidas. En otras ocasiones las encontramos entre el mar de gente que conformamos el mundo, más de 6.000 millones de personas. Fue, afortunadamente mi caso, el de José Pablo. En el 2008, nos conocimos. Siempre nos debimos un viaje y, ahora, por fin, lo conseguimos.

En el coche, en el primer trayecto que nos llevaría a Hualin, la base para conocer el Parque Nacional de Taroko, tuvimos tiempo de ponernos al día y de contarnos nuestros viajes hasta llegar a la Isla de Formosa.

Él llegó vía Hong Kong y yo vía Shanghai. Era noche cerrada, casi la media noche. En Hualin todos dormían. Cogimos dos bicicletas que nos dejaron en nuestros bed&breakfast y fuimos a buscar a los que estuvieran despiertos. Teníamos hambre. En el mercado nocturno, a otras horas animado, quedaban los últimos rezagados recogiendo en uno de los puestos. Cuando le explicamos, con la ayuda de la tecnología y traductores, no dudaron en volver a montar la cocina para prepararnos unos noodles coronado con un filete que nos supo a gloria. Ya sabíamos, desde el primer día, que los taiwaneses nos iban a hacer el viaje mucho más fácil.

A la mañana siguiente, llegaba uno de los momentos del viaje, conocer el Parque Nacional de Taroko. Este espacio natural, uno de los nueve que hay en el país (todos de acceso gratuito), es un lugar obligado para el visitante. En nuestro coche y siguiendo la señales en caracteres chinos y latinos, fuimos dejando atrás los 30 kilómetros que separan la entrada del parque de Hualin. Nos abastecimos de buenos mapas en el centro de información que hay a la entrada y rumbo a la naturaleza en estado puro.

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Por una carretera angosta, rodeada de verde y que atraviesa escénicos túneles, llegamos al desfiladero, Shallow Grotto, que da nombre al parque. Antes y después también podréis ir parando en templos perdidos entre los árboles como el de Changguang u otros a los que se llega después de subir cientos de escalones, como el de Tiangde, en el pueblo de Tianxiang.

Pero, a pesar de que la belleza era apabullante, hasta la tarde no tuvimos nuestro gran momento del día. Bueno, el gran momento del viaje… En una salida que nos marcaba la guía, la 166, se suponía que debía haber un hot spring (terma). El camino parecía derruido. Investigamos y vimos que tras una verja cerrada se podía llegar hasta un río entre dos enormes rocas. Una vez abajo, descubrimos que junto al río que corría con agua helada, había pequeñas pozas con agua hirviendo. Era el milagro de la naturaleza. Un spa gratis y tremendamente hermoso en donde se nos paró el tiempo.

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Aún no había acabado el día. Nuestro GPS en chino nos debía llevar hasta Yuchi, uno de los pueblos base para conocer el Sun Moon lake, otro de los lugares imprescindibles de Taiwán. Por delante teníamos pocos kilómetros pero muchas horas por una carretera de montaña que, en ocasiones, por la niebla, desaparecía. Hasta superar los 3.000 metros, no conseguimos ver por encima de las nubes.

La noche nos volvió a coger para cenar. Los taiwaneses tienen la costumbre de almorzar y cenar muy temprano. Los españoles todavía no habíamos adaptado nuestro reloj a las costumbres locales. En Yuchi, a orillas del Lago del sol y la luna, nos volvieron a dar de cenar a pesar de las horas. Teníamos poco tiempo para dormir. Antes de las 6 de la mañana salía de nuevo el sol. Era el motivo de nuestra visita a este lugar, muy turístico pero mágico cuando empieza un nuevo día. Desde la habitación de nuestro humilde hotel (realmente habría que decir desde la terraza comunitaria a la que teníamos acceso) pudimos ver el amanecer. El lugar no era suficiente para admirar tanta mezcla de colores como nos ofrecía la naturaleza. Por eso, decidimos bajar para verlo a pie de lago.

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Antes de que llegaran las hordas de turistas para recorrer el lago en barco, que también se puede hacer, decidimos huir. Nos esperaban varias horas de carreteras de vuelta a Taipei. Habíamos decidido pasar de largo de Taichung, la ciudad del “made in Taiwán” por se una gran capital. Donde sí queríamos parar era en un pequeño pueblecito, Beipu.

Esta villa, capital de la cultura hakka, una antigua etnia taiwanesa, ofrece un punto de vista alejado de las grandes ciudades taiwanesas que enamora al que lo visita. Desde el principio, aún sin mapas y sin saber que íbamos a hacer, lo consiguieron. Un señor de 86 años, nos dio la bienvenida a Beipu con música. Nos enseñó a tocar el erhu, un instrumento musical. Tiene mérito porque no tenemos ni papa de chino y el señor tampoco de español ni inglés.

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Por la tarde, para la hora de comer, sin saberlo, como mejor salen los planes, dimos con un lugar de sobresaliente para hacerlo. En la calle principal, desde el Family Mart de la esquina y en la acera izquierda, el primero de los Te house que se nos cruzó en el camino, nos llamó la atención. Allí comimos por 500 TWD (15 euros) un menú completo delicioso en el que destacaba, con diferencia, el pollo frío, una especialidad local. Para cerrar la sobremesa, además de unas risas con los propietarios, probamos el famosos hakka te. Esta bebida que aquí es muy apreciada, se hace de forma artesana mezclando hierbas y agua en un mortero y se le añade arroz inflado y otros ingredientes. No nos gustó, para qué mentir, pero fue bonito conocerlo.

Ahora sí, después de dejar el coche de alquiler en Taipei y regalarle al señor de la agencia los 5 paquetes de clínex que nos había dado en varias tiendas y gasolineras (tienen esta costumbre por estos lares), nos fuimos al metro para llegar a nuestro hogar en la capital.

Nuestro hotel, el Orange Kaifung, perteneciente a la cadena local Forte Hotels Group, tenía una situación inmejorable a solo dos minutos de la salida Z de la estación central de Taipei (Taipei Main Station). Con una calidad precio imbatible, habitaciones amplias y muy limpias, recepción abierta las 24 horas y fruta, bebidas y agua gratis a cualquier hora en la recepción, no podíamos estar más contentos con nuestra elección.

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Por la noche, casi sin tiempo a nada, habíamos quedado con un anfitrión local en el mejor restaurante taiwanes de todo Taipei, el del Hotel Howard Plaza. Con Michael, nuestro host, pudimos disfrutar con los cinco sentidos de una mesa repleta de platos locales, con historia y mucho sabor. No faltó de nada: sopa, noodles, pescado a la plancha con salsa miso, pollo en salsa agridulce, vegetales salvajes, langostinos a la plancha, almejas en salsa, unas gachas de patatas y, por supuesto, cerveza local Taiwan beer.

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Al día siguiente, que el clima parecía que nos iba a respetar, teníamos un plan para salir de la capital y acercarnos a la jungla. A solo 30 minutos de Taipei, el verde conquista las montañas. Se llama Wulai, uno de los lugares de esparcimiento y ocio preferido de los locales. Precisamente lo conocimos de la mano de dos amigos, Giselle, una profe de inglés taiwanesa, y su chico, Stanley, ingeniero informático. Ellos fueron los que, durante todo el día, primero en un agradable paseo entre cascadas, después en un almuerzo en un bar tradicional de la calle principal de Wulai, y por la tarde tomando un té en su casa, nos respondieron a las mil y una preguntas que nos asaltaban sobre Taiwán y su pueblo.

Taiwan

Era sábado noche. Teníamos el plan perfecto, made in Taiwán, para no olvidar esta velada en muchas lunas. Entre las decenas de restaurantes especiales que hay en Taipei, había uno que nos fascinó desde que lo conocimos, el Modern Toilet. En este restaurante todo, absolutamente todo, está inspirado en cuartos de baño y excrementos. Las sillas son wcs, la comida se sirve en waters, la bebida la ponen en urinarios, y los platos de la carta, en gran medida, tienen forma de “caca” o similar. Una experiencia, lo reconocemos, no apta para todos los públicos, pero que para nosotros fue muy divertido.

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Al día siguiente, domingo, había pensado que sería buen día para conocer, por fin, Taipei. La capital, con un pasado repleto de idas y venidas de diferentes colonizadores, entre ellos los españoles, que pasaron varios años en el siglo XVII por estas tierras, se refleja en sus monumentos. Llovía, algo a lo que aquí hay que acostumbrase rápido. Quisimos darle una primera oportunidad a la calle de las compras tecnológicas, Zhongxiao con Boai Road. Ninguno de los dos tuvimos paciencia para encontrar la ganga perfecta sabiendo que nos esperaba una ciudad apasionante.

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Nos fuimos con mapa pero improvisando a conocer algunos de sus templos más reconocidos como el Logshan temple. Y, después, antes de que anocheciera, a ver la imponente plaza donde está instalado el Chiang Kai – Skek Memorial. Cada hora hay cambio de guardia. Viendo estos lugares, más el Taipei 101, podéis haceros una buena idea de cómo es la ciudad. Pero, sobre todo, lo mejor de Taipei es la vida en sus calles. La de día, con la gente jugando bajo los soportales, rezando en pequeños templos, comprando en cualquier tienda de barrio.

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Y la de noche. La noche taiwanesa la queríamos conocer de verdad. Por eso decidimos hacer un Food tour (una excursión gastronómica) con una agencia local, My Taiwan Tour. Con ellos recorrimos dos mercados nocturnos e hicimos después una ruta de bares. Sin duda, la vida nocturna y la gastronomía son algunos de los principales alicientes de la ciudad y, hacerlo con gente que te explique todo lo que estás comiendo y viendo, no tiene precio. Fue la mejor decisión que tomamos.

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Con Tai, nuestro guía, un joven taiwanés con el que aprendimos mucho, fuimos primero a un mercado interior, el Nanman market. Antes de comer descubrimos cómo se llamaban y qué eran las frutas, verduras y otros productos que llevábamos varios días viendo. En la parte alta de este mercado, en el puesto que más cola tenía (imposible saber el nombre) probamos los mejores noodles que haya comido nunca. Artesanos, con forma cuadrada y un sabor intenso que aún lo recordamos. Abajo, ya en la calle, en un puesto mítico que sirve, principalmente, arroz con ternera, comimos por pocos yuanes un plato exquisito en un lugar genuino como pocos.

Para bajar la comida, y es que en Taiwán, al igual que en otros países asiático, tienen la fea costumbre de no beber agua comiendo, fuimos al Pub Revolver para probar una cerveza artesana.

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Todavía nos quedaba un segundo mercado callejero nocturno. Con un taxi nos movimos hasta el siguiente punto, Ningxia Road. Un estrecho paso entre dos hileras de puestos compone este mercado local en donde podréis encontrar de todo. Nosotros fuimos a por un clásico que aún no habíamos probado, el stinky tofu o tofú apestoso. Un plato que al freírse, como dice su nombre, apesta. Pero que en el paladar, sabe bien. Tal vez un regusto particular. Para quedarnos con buen sabor de boca, Tai lo tenía todo pensado. Nos llevó a uno de los bares más cool de la ciudad, el del hotel Papa Whales. Este lugar, con una decoración retro y ambientado como si fuera un bar de playa, no deja a nadie igual. Fue nuestro brindis por un viaje que iba de cine. ¡Compai (así suena “salud” en chino mandarín)!

Para el último día dejamos una visita imprescindible, la imagen de una ciudad, de un país, Taipei 101. Este rascacielos, que durante mucho tiempo fue el más alto del mundo, puede visitarse. Desde su punto de observación, cuando los días respetan, se puede ver toda la capital a tus pies. En 37 segundos se sube desde la planta 5 a la 89 en uno de los ascensores más rápido del planeta. Una vez arriba, si no tienes vértigo, podrás disfrutar de las vistas más impresionantes de todo Taipei, con diferencia. Os recomendamos que vayáis con tiempo porque siempre hay colas y la visita, para hacerla con calma, requiere su tiempo.

Taiwan

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Fueron las últimas imágenes de una ciudad, de un país, que en poco tiempo nos cautivó. Tal vez Taiwán no tenga grandes monumentos, ni lugares que aparezca normalmente en las guías, pero lo cierto es que este país te gana el corazón sin saber exactamente cómo. La melancolía que asalta al viajero en ocasiones, nos pega de golpe. Ya estamos deseando volver de nuevo a Formosa, la Isla Bonita, y con María José.

 


– Lo que más nos gustó

Puede parecer un tópico pero en Taiwán éste se hace enorme. Lo que más nos gustó del país fue su gente. Sin duda, los taiwaneses se esfuerzan por intentan ayudar en todo momento, por ser amables, aunque el idioma lo ponga difícil y son unos grandes anfitriones.

Si nos centramos en lugares, también lo tenemos claro. Un “must” en donde disfrutamos en grande fue en el Parque Nacional de Taroko, un lugar con un desfiladero muy escénico que deja con la boca abierta a los visitantes, muchas rutas para caminar y hot springs (termas) salpicadas por todo el recorrido en donde se puede ser muy feliz dándose un baño en medio de la naturaleza y, con suerte, completamente solo.

Y si tenemos que quedarnos con una experiencia, sin duda, visitar los mercados nocturnos con un food tour de una empresa local. Comimos en varios pueblos y también Taipei, fue donde más nos reímos, aprendimos y disfrutamos. Además, la comida taiwanesa es muy variada y deliciosa.

– Lo que menos nos gustó

El amanecer en Sun Moon lake fue uno de los mejores momentos del viaje, es cierto. Y se preguntarán, ¿por qué lo ponen en esta sección? Pues simple y llanamente porque lo que no nos gustó fue tener que pagar el peaje de llegar a una ciudad en el lago completamente secuestrada por turistas. En nuestro caso, el pueblo se llamaba Yuchi. Pero mucho nos tememos que las aldeas cercanas son similares. Seguro que hay alguna opción de camping mucho más tranquila y genuina.

– Lo que nos faltó por ver

Solo teníamos una semana en Taiwán y, aunque es tiempo suficiente para hacerte una idea del país, solo nos dio tiempo a conocer el centro y norte de la isla. Lo que nos faltó por ver, y que los taiwaneses nos recomendaron repetidamente, fue la zona de playas del sur, el Parque Nacional de Kenting.

En Taipei, donde el día que visitamos la ciudad llovía, no nos mereció la pena subir a Elephant Mountain. Si por suerte te pilla un buen día, no lo dudes. Tendrás unas vistas fabulosas.


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Un comentario en “Todo lo que necesitas saber para viajar a Taiwán

  • Me ha encantado tu paso por Taiwan y me ha sorprendido muchísimo. Entonces, una semana guay para ver la isla, no? Con qué lo ampliarías para hacer un viaje un poco más largo? Hong Kong y Macao quizás?

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