Parte II: Uno más en el Desierto del Sahara (Tagounite y Oulad Driss)

nos niños corretean entre dunas camino de la escuela con una gran sonrisa que les acompaña. No llevan libros, solo una ilusión tremenda. Solo llevamos un par de días en Marruecos pero los suficientes para que todos los expedicionarios se hayan quitado el reloj o, al menos, hayan olvidado la noción del tiempo. Para hacer tiempo hasta que estemos todos, María José y un servidor, organizadores de la expedición, caminamos hasta el colegio que estaba relativamente cerca del campamento y de Tagounite. Están en el recreo, todos juegan, saltan, ríen… Nos recargan las pilas ver tanto disfrute por la vida.

Tagounite

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Desde el campamento, a primera hora, toca caminar hasta el vecino pueblo de Tagounite. Allí nos espera la familia de Abderrahim, nuestro anfitrión. Antes del medio día ya estamos allí. En la puerta nos reciben la madre y las hermanas. Hay un salón, varias habitaciones y un patio, espacio suficiente para que todos los expedicionarios invadan la casa. Mientras, con esmero y cariño preparan, como la cocina de nuestras abuelas, albóndigas de kefta de cordero. Delicioso manjar que nos lleva a un viaje al pasado, a los días en los que la olla tenía más importancia que los microondas. Que no se olvide nunca, herencia que recibimos de ellos, muchos de los ingredientes, platos y concepción de la comida.

Tagounite

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Oulad Driss

Poco a poco se iba acercando el momento. El Desierto salvaje ya se vislumbraba al fondo del paisaje. Por la tarde paramos en la kasba de Oulad Driss (20 dírham entrada al museo con taza de té incluida), que dejaron en propiedad los judíos a los musulmanes cuando se marcharon de ella y en la que todavía viven como hace cientos de años. Cuando salimos de entre las casas de adobe y paja, dos bereberes tiraban de sendos dromedarios. Era la señal. ¡El Desierto nos espera!

Tagounite

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Caía la tarde y la mejor luz nos acompañó en el viaje. Dejábamos atrás la civilización, pequeños pueblos en torno al Desierto, y nos adentramos en la hammada, un paisaje pedregoso que, por momentos, se tornaba en pequeñas dunas, un prólogo perfecto a lo que faltaba por llegar. En el camino, que es tan importante como el destino, la naturaleza se apoderó de los expedicionarios. La luna, que lucha por crecer hasta estar completamente llena, y las miles de estrellas, amansaron las ansias de control del mundo occidental y, por primera vez, se dejaron llevar. La noche no quedó en silencio hasta la madrugada. Los tambores y las castañuelas sonaran al calor del fuego de campamento hasta que las fuerzas aguantaron. Solo después sucumbimos ante el fastuoso silencio del Desierto.

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–> Si quieres leer el post que sigue a éste, pincha aquí.


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One comment on “Parte II: Uno más en el Desierto del Sahara (Tagounite y Oulad Driss)

  • Tal y como lo vivís y lo relatáis, nos hacéis participe como si estuviésemos con vosotros en la expedición.

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