Día 2 y 3: Vivir como los senegaleses para entender Senegal

El calor hace mella aunque sea muy temprano. Se pegan las sábanas y el aire corre muy despacio. Mejor no engañarnos más tiempo en la cama. Nos levantamos y nos ponemos en camino. Por delante quedan varias horas de carretera hasta nuestro destino, Kédougou, al sudeste de Senegal, el lugar donde nuestro anfitrión, Sidy, nos llevaría para estar junto a su familia.

Tambacounda

Antes de llegar es obligatoria la parada en Tambacounda, a mitad de camino, para reponer fuerzas. El Hotel Relais Tamba es un auténtico lujo para nosotros,… piscina incluida.

Senegal

Senegal

Antes de llegar al pueblo de nuestro guía, a la mañana siguiente, tenemos por delante un recorrido con paisajes humanos y naturales que cambian por momentos. El caos de la capital va decayendo a kilómetros. Lo rural, lo extremadamente pobre, va ganando terreno en un paisaje en donde el color rojizo de la tierra seca duele a la vista. Los niños, miles en este país, ocupan todo. Los parques, las aceras, las calles, las tiendas. Su alegría contagia a los blancos recién llegados. Las marcas de la miseria se quedan grabadas a fuego. Esas ya no se olvidan.

 Senegal

Senegal

Senegal

Parque Nacional Niokola

Poco a poco el verde va ganando terreno. Es el Parque Nacional Niokola – Koba. Los animales resurgen y es habitual ver antílopes, monos, elefantes, jabalíes y, con suerte, leones o leopardos. Nosotros sólo vimos algunos.

Senegal

Senegal 



Kédougou

Antes de que caiga la noche ya estamos en Kédougou después de un extenuante viaje por las carreteras senegalesas. Debemos ir al mercado, “mañana se prevé que sea día de fiesta”. Queremos comprar las mejores galas para acompañar a la familia de nuestro anfitrión en la ruptura del Ramadán. Tras casi un mes de ayuno, en el que sólo se puede beber, comer o mantener relaciones sexuales antes del amanecer y después del atardecer, los musulmanes están deseando celebrar el final del noveno mes del calendario lunar. Precisamente la luna marca la fiesta. La luna nueva marca el inicio del Ramadán. La misma luna marcará el final. Para que la fiesta comience, la luna debe verse o esperar a que pasen 30 días desde el comienzo.

Senegal

En las calles, la gente se arremolina para ver si sale la luna entre los huecos de los edificios. Antes de que caiga la noche muchos paran el coche o la moto. Todos esperan para saber si mañana, definitivamente, será día de fiesta. La incertidumbre marca las caras de los locales pero, de pronto, una vez que ya estamos todos montados en el autobús la algarabía toma las calles. Sidy nos indica la marca, la fina luna, que ilumina el cielo al atardecer. Saltamos, celebramos la buena nueva. Mañana es el Eid al-Fitr, el día que marca el final del Ramadán.


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