Oporto, Coimbra, Aveiro y Évora

DÍA 1: Caminando hacia Oporto / Porto desde el sur (1ª parte)

Oporto

Febrero 2013. Badajoz es la capital de la provincia más portuguesa de toda España. A escasos 14 kilómetros de la frontera ha absorbido con el paso del tiempo y la historia lo mejor de dos naciones que viven en un mismo sitio. La influencia es total y como primer paso en nuestro caminar hacia Oporto queríamos empezar desde aquí.

Si pregunta por Badajoz le dirán que tiene poco que ver. Es fruto de la ignorancia. Puede ser que no tenga el esplendor de otras ciudades, pero son varias y bonitas las cosas que ver. Todas ellas con un marchamo que, ahora sí, cambia con respecto del país vecino. Badajoz tiene una decadencia decadente, imagino que por el olvido de los gobiernos y la maldita crisis. Portugal, Oporto, tiene una decadencia que realza (no confundan con suciedad, que eso es otra cosa y es fácil de arreglar).
Badajoz

La Plaza de España es un buen lugar para arrancar la visita y ver la antigua Catedral de San Juan Bautista (comenzó a edificarse en 1232, poco después de que llegarán los cristianos a la ciudad). Caminando por relajadas calles comerciales que recuerdan a tiempos pasados, sin música estridente en sus tiendas, sin escaparates homogéneos, sino todo lo contrario, y con lo mejor de cada casa, incluido el mejor trato (siempre fue parte importante del comercio hasta que llegaron las multinacionales), se llega a la Ermita de la Soledad, patrona de la villa. Antes de entrar, abra los ojos y mire arriba. Estará frente a la Giralda, de Badajoz, una construcción que me cuentan que hizo un comerciante enamorado de Sevilla.

Pero no es éste el único guiño a la capital andaluza. La Torre de la Atalaya, que recuerda a la Torre del Oro, pero ellos, los pacenses, se afanan en repetir que la suya es anterior en fecha. Al lado de la torre, también llamada de los Espantaperros, está la Alcazaba árabe, una de las joyas (deteriorada y venida a menos) de la ciudad.

Por original, con fachada en las casas de formas ajedrezadas con colores negros y grises, deben pararse en la Plaza Alta. Y antes de la marcha, obligado paseo por el Puente de Palmas (entrando por la Puerta de Palmas), “cervecina”, como dirían ellos, y acompañamiento ibérico del bueno.

DÍA 1: Caminando hacia Oporto (2ª parte)

Nuestra primera parada técnica en Portugal fue el Santuario de la Virgen de Fátima, el mismo donde cuenta la leyenda (que cuenta con el respaldo de la Iglesia desde la visita de Juan Pablo II y posterior entrevista con una de las protagonistas) que se apareció la Virgen a tres pastorcillos, Lucía, Francisco y Jacinta en 1917. Casualidades de la vida, nuestra visita coincide con un día histórico para la Iglesia Católica, 28 de febrero (también día de Andalucía); desde hoy la jornada en la que renunció un papa, Benedicto XVI.

Oporto

Una vez conseguimos atravesar las innumerables rotondas beatas de este pueblo consagrado a la divinidad por mandato del turismo, pusimos definitivamente rumbo a Oporto por el camino más corto, rápido y caro, la autopista de peaje A-1. La última parada es obligada, Coimbra, la ciudad del Conocimiento.

Oporto

Asentada en una colina, es la ciudad universitaria por antonomasia, lo que Oxford a Reino Unido o Salamanca a España. Los últimos rayos de sol, la vuelta a casa de los estudiantes ataviados con las clásicas capas y sus carpetas, los menos con perfume a destilado, los más con cara de sueño de las vigilias de estudio, una tuna animando la noche que arranca y un buen rollismo único… es un momento de los que no se pueden pagar con tarjeta de crédito.
Oporto

Mientras caminamos y dejamos atrás el Arco de Almedina, varias iglesias, la Catedral Vieja y la joya de la corona, la universidad antigua, pregunto a un grupo de chicas que también van con capa, y carpetas llenas de cintas, que qué es eso. Las tradiciones, me responden. Las cintas (fitas) se colgaban antes de la capa, pero ahora también se ponen en los cartapacios; indican el curso y la carrera. Al final de ésta se regala una cinta a un profesor, otra a un amigo, a un estudiante de otra promoción y a su amor; el resto, se queman, me comentaron.



Para despedirnos de esta ciudad mágica, otro guiño a la tradición: un grupo de chavales de Ingeniería de Caminos nos vende un mechero para la organización de la “Queima das fitas” (Quema de las cintas), la fiesta universitaria más importante del país lusitano. Nos vamos con una sonrisa para llegar, por fin, a Oporto.

DÍA 2: Oporto, dulce y para los amigos

Oporto, ciudad dulce. Por varias razones. Sus más afamados caldos, por los pasteles que engalanan las vitrinas de las confiterías repartidas por toda la ciudad, por los “tripeiros”, su gente, y por el agua que baña a esta hermosa localidad, la del Duero.

Oporto

Sus orígenes se remontan a épocas romanas cuando se establecieron dos poblaciones a cada lado del río: Portus y Cale. Nosotros empezamos por el primero, la actual ciudad de Porto (mal traducida al español). Un buen punto de partida es la Avenida de los Aliados y la Plaza da Libertade, centro neurálgico de la villa. Antes de seguir, una escapada rápida a la Estación de San Bento, una estación de trenes que cuenta en su hall con la historia del país dibujada en grandes y bellos azulejos.

Oporto

Con las suelas de los zapatos ya calientes llegamos al punto más alto de Oporto, el campanario de la Igreja dos Clérigos. Más iglesias salpican la zona y una visita obligada, a la librería Lello, de película y, sin lugar a equivocarme, una de las más bellas del mundo.

Oporto

Después de un primer acercamiento artístico cultural a la ciudad, ya es hora de sumergirnos en el verdadero día a día del “tripeiro”. Cogimos la única línea de tranvía que queda en la ciudad (en otra época método de transporte habitual, hoy día, solo turístico a 2,5 euros el billete) para ir a la Plaza de Batlha. Cerca, a solo dos cuadras, está el mercado de Bolhao. El género es muy similar al de cualquiera de España, a excepción del puesto de gallinas vivas, al estilo marroquí. Tan solo me llama la atención una cosa, todas las tenderas, a excepción de un comerciante, son mujeres.

Oporto

A la hora de comer también optamos por el estilo de Oporto en un café sencillo y para locales en plena plaza de Batlha con el mismo nombre. Comimos “feiojada” (en la imagen inferior), una especie de fabada más generosa y contundente y la “francesinha”, el plato típico de la ciudad. De postre, pastel de nata, que recordarán a los de “Belem”, tan afamados en la capital.

Oporto

Para después de almorzar dejamos la segunda parte de la visita: Catedral, alrededores, edificio de la Bolsa… y una joya desconocida de estos rincones declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, la Iglesia de Sao Francisco, una maravilla difícilmente descriptible en la que las paredes de piedra están forradas de oro, concretamente más de 600 kilos. Cosas de la vida, la iglesia está consagrada a los pobres…

Para terminar la jornada decidimos ver el atardecer en la Ribera, la zona de la ciudad que abraza al Duero. Pero antes de que cayera el sol me llevé un buen rato hablando con Josep Fernando, un artesano con un pequeño taller con vistas al Duero que lleva más de 25 años haciendo miniaturas de barcos con los que navegar en todos los mares del mundo que la imaginación permita.

Oporto

DÍA 3: Ora Viva (gastronomía portuguesa)

Me atrevo a decir que una de las motivaciones más grandes del viajero es la etnogastronomía, es decir, comer los productos locales y hacer gala de ese dicho que dice “allá donde fueres, haz lo que vieres”. Una cocina sencilla, con una base mediterránea y siempre abundante es la que acompaña a los portugueses.

Los entrantes están salpicados de sopas y caldos varios, embutidos y buen queso de diferentes variedades. La carne, con especialidades según la región, o el pollo en todo el territorio, son parte importante del menú. Los guisos, tan propios de una cocina con memoria, dan consistencia igualmente a la gastronomía (cataplana –cacerola de cobre donde se guisa la carne o el pescado. En la imagen inferior-, cocido, feiojada, etc. pero, sin duda, el pescado, al menos en buena parte del territorio, por supuesto en Oporto, es el rey. Y entre todos, luce el bacalao.

En una gran ciudad como Oporto hay cientos de referencias para comer buen pescado, pero yo me quedo con uno que me recomendó mi amigo Luis Márquez, un trotamundos empedernido, el Ora Viva. Casi a orillas del Duero, en un estrechísimo, casi incómodo, local con sabor añejo y aire marinero, la familia Pinto pone de comer como en casa. Pedimos un delicioso bacalao al estilo de la casa, de los que tienen sabor por si mismo, acompañados por un vino verde de la zona. Nunca olvidaré esos sabores, ese momento, esas anécdotas que me contaron tras la barra, bien el ascensor manual que siguen usando para subir los platos desde la cocina, bien los miles de monedas y billetes que guardan de los clientes. Son los pequeños placeres de la vida.

Oporto

La digestión se nos antoja obligada y como propuesta insuperable podría valer una paseo por el Duero y bajos sus imponentes puentes. Para completar el proceso había otro obligado en la ciudad que bautizó a un vino, copa de Porto en alguna de sus innumerables bodegas. La lista es larga, más de 50 empresas vinateras. Las más conocidas Sandeman, Calem, Ferreira y, por su museo, Ramos Pinto. Todas situadas en la antigua Cale, Vila Nova de gaia, abren de 10 a 18 horas y son en general de pago con degustación incluida. También las hay más humildes y gratuitas (por ejemplo Quevedo, que tiene degustación incluida al comprar el billete para el ferry en barco por el Duero).

Sea como fuere, hay que disfrutar en primera persona de la esencia de una cultura y, por supuesto, un negocio que mueve al año casi 300 millones de euros. Yo, de tierra de bodegas y con mis dos abuelos trabajados en el negocio de las botas, los arrumbadores y la solera, admiro con envidia las cosas bien hechas. Mucho que aprender.

Oporto

Oporto

 

DÍA 4: Venecia está en Portugal, los huevos moles y Évora, Patrimonio de la Humanidad

Amanece agitada la prensa portuguesa. Ayer, por enésima vez en los últimos tiempos, sus ciudadanos salieron a la calle a manifestarse contra los (males) usos y abusos de su Gobierno, así como la connivencia de éstos con la Troika europea. En Oporto fueron 400.000 personas, pero en el resto del país le siguieron otros miles.

Partimos de vuelta a primera hora, antes incluso que la amplia feligresía de los pueblos portugueses entren en misa, con rumbo a España y parada en Aveiro y Évora. La primera, Aveiro, es un traslado del norte de Portugal al de Italia sin aviones de por medio. Es una pequeña Venecia sin glamour, una ciudad de canales, pescadores y también mucha industria que tiene un paseo, más por lo curioso que por otra cosa. Y antes de marcharnos, una dulce peculiaridad, los ovos moles (huevos moles) una crema de huevo similar a las yemas, cubiertas por una oblea con distintas formas.

Oporto

Oporto

Carretera, manta y dos opciones para llegar a Évora: las carísimas autopistas lusas o las interminables carreteras nacionales. ¿Paciencia o dinero?, esa es la cuestión. Horas después, más o menos según lo elegido, llegamos a Évora.

El paso del tiempo, de la historia, se hace presente en este conjunto arquitectónico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en el que se mezclan por sus calles un templo romano construido en el siglo II d.de C., unos arcos árabes, calles medievales o una catedral de origen románico. Todo confluye en la Plaza Porticada do Giraldo, la imagen de Évora. Además del valor artístico es curioso observar cómo, al igual que la historia, las arcadas de la plaza son irregulares y de distintas medidas.

Oporto

A la belleza y la complejidad de este gran monumento que es Évora solo le falta, como a buena parte del patrimonio que hemos visto estos días, más cuidado y limpieza. Sorprende cómo un monumento declarado Patrimonio de la Humanidad no se le exija un mínimo de conservación y protección.

La lluvia, la suave brisa atlántica que refresca el final del invierno y el sabor de las últimas castañas asadas de la temporada ponen el punto y seguido de mi idilio con Portugal. Pronto continuará.


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