Curso de buceo en Lembongan (Bali, Indonesia) con Planet Nomadas

En el Océano Atlántico, que es el nuestro, empezó todo. Después llegamos al Mar Mediterráneo, en Málaga, donde despegó nuestro sueño. Desde entonces han sido muchos los mares y océanos que hemos visitado en todo el planeta. Era injusto que nos volviéramos a casa sin descubrir el otro mundo, el submarino. Lo pensamos desde el principio de nuestra ruta pero fuimos preguntando, investigando y llegamos a una conclusión: el mejor lugar para bucear, por los ricos fondos y la gran variedad de peces, está en Indonesia. De entre los más de 55.000 kilómetros de costa del país (equivale a dos vueltas al mundo) nos decantamos por Lembongan, a sólo 20 minutos de Bali. Es tranquilo, cuenta con una importante reserva marina desde 2012, es el santuario de mantas más grande del mundo y pertenece al Triángulo.

Lembongan
Una vez decidido el sitio nos faltaba elegir la escuela de buceo. Joan, un buceador amigo que tiene tiene su propia escuela en la meca del buceo, Koh Tao (Tailandia) nos recomendó sin dudarlo a otros emprendedores españoles, José Andrés Martínez y Tanausu Gómez, o lo que es lo mismo Planet Nomadas. Estos dos amigos mochileros, que se conocieron en Roatán (Honduras) en 2006 y que cuentan con más de 10 años de experiencia a sus espaldas tras descubrir todos los mares y océanos del planeta, decidieron hacer su sueño realidad: montar su propia escuela de buceo y construir su propio resort para buceadores.

Lembongan

Varios puntos los hacen únicos, pero para nosotros el más importante fue que desde el primer momento entendieron nuestra filosofía viajera, nos prepararon un plan a media de forma personalizada y nos trataron como amigos. Nos dieron la bienvenida en su sede central en Sanur y después nos gestionaron el transporte a la isla de Lembongan (a sólo 20 minutos del puerto de Sanur, en Bali) donde tienen el centro de buceo y donde ya han comenzado a construir un dive resort que estará listo en menos de dos años. Además nos ayudaron a buscar alojamiento y el transporte en la isla (una moto automática). ¡No podíamos pedir más para empezar!

Lembongan

Ya estaba todo listo para empezar el Open Water Dive, con certificación PADI, el curso que hay que hacer para convertirse en buceador y poder hacerlo de forma autónoma (una especie de carné de conducir, pero… bajo el agua).

Lembongan

Clases

Después de varios meses alejados de los estudios creíamos que se haría cuesta arriba pero, nada que ver. El curso, dividido en cuatro días y repartidos en clases teóricas (con vídeo y explicaciones), prácticas en piscina y cuatro inmersiones en aguas abiertas, es de lo más divertido, relajado y efectivo que se puede hacer. Con un sistema de repetición y de practicar todo una y otra vez, se consigue tener una seguridad antes, durante y después de las inmersiones que es difícil de imaginar cuando se comienza. El entorno, frente a la playa y rodeados de cocoteros, también ayuda para no estresarse.

Lembongan

Las clases, en nuestro caso, fueron todavía mejores si cabe. Fue como transportar Sevilla a miles de kilómetros. Compartimos curso con un sevillano, Clemente, un genio y figura con el que no paramos de reír. Nuestra profe, Vanesa, también de Sevilla. El director de todo e instructor, Tana, otro primo hermano, de Canarias. Y, casi sin darnos cuenta, cuando ya teníamos más de la mitad de la teoría finiquitada… empezó lo bueno…

Las medidas de seguridad en el buceo son enormes. En Planet Nomadas lo cumplen a rajatabla. Por ello, antes de ir a la piscina tuvimos una clase para cuidar y controlar el material.

Lembongan

Lembongan

El penúltimo paso antes de respirar en el mar por primera vez en nuestra vida. Cuan pescaitos de agua dulce tuvimos nuestro primer contacto con el regulador, con la botella de oxígeno y el resto del material. Bueno, todo eso y que José Pablo se afeitara la barba en el barbero del pueblo para que no le entrara agua en la máscara…

Lembongan

Lembongan

Una noche en duermevelas por los nervios fue el prólogo de una mañana inolvidable. Pusimos rumbo a Manta Bay, una pequeña bahía donde estaba marcada nuestra primera inmersión. Antes de saltar, mientras chequeábamos el equipo, tuvimos nuestro primer regalo, ver mantas a menos de dos metros de nosotros. Un poco más relajados ya, de la mano de nuestro instructor, poco a poco fuimos descendiendo. La magia se hizo realidad. ¡Estábamos respirando bajo el agua! Cómo si de la portada del disco de Nirvana se tratara, volvimos a nacer… pero a 12 metros de profundidad. Un nuevo mundo de sensaciones se abría ante nosotros. Entre las miles de tonalidades inimaginables de azul fuimos poco a poco empezando a desenvolvernos como aprendices de buceadores.

Para las siguientes inmersiones quedaba lo mejor. Sin nervios ya, sólo tocaba disfrutar. Nunca olvidaremos la tercera. Esa fue la vencida. Una montaña llena de corales que fuimos escalando mientras la corriente nos llevaba, peces de todos los colores, todas las formas y tamaños, y un regalo… una tortuga que pudo ver María José, que ese día iba con Jano, su instructor. Nos faltaba otra que nos supo a poco. Queríamos más.

Con 18 metros bien marcados en nuestras consolas y las cuatro inmersiones apuntadas en nuestro cuaderno, ¡ya podíamos decir que éramos buceadores! Un nuevo mundo se abre ante nosotros. Y, por supuesto, un virus que engancha. Las posibilidades laborales con los cursos para llegar a ser instructor son enormes, pero sino como deporte recreativo. Creemos que en breve volveremos a Indonesia para hacer uno de los safaris que Planet Nómadas también organiza por todos los puntos de interés de Bali para disfrutar bajo el agua y fuera de él.



Antes de despedirnos tuvimos la suerte de compartir almuerzo frente a un delicioso jackfish del que no dejamos sin un trocito. Fue otro momento para seguir hablando de viajes, lo que nos unió desde el principio a esta tandem de experimentados buceadores a los que le debemos la nueva vida bajo el mar.

Lembongan

Por la tarde, ya de relax, vivimos de cerca junto a los habitantes de la isla en su día a día. El cultivo de algas marinas para productos cosméticos que completan las orillas de la isla y le dan un toque muy singular es su rasgo más peculiar. Las imágenes cuando llega la marea baja es otra de las postales que nos llevamos de Lembongan. ¡Volveremos!

Lembongan


Gastos: el curso de buceo Open Water cuesta 300 euros por persona (4 días). Incluye el material didáctico, instructor en español (también disponible en otros idiomas), certificaciones y comidas.


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