Día 1 y 2: Un vuelo esperpéntico y un aterrizaje en Sudáfrica (Johannesburgo)

El low cost normalmente está reñido con la rapidez y, en ocasiones, con la comodidad. En esta ocasión para llegar por menos de 300 euros desde Dakar (partimos de Senegal porque hicimos ahí la II expedición del Club de la Aventura) a Johannesburgo, nuestra puerta de entrada a Sudáfrica (junto con Ciudad del Cabo reciben a la mayoría de vuelos internacionales) y nuestra mejor opción era volar con Kenya Airways. La compañía que se anuncia como “el orgullo de África” nos lo demostró con creces. Durante 17 horas nos dieron un incómodo paseo por el continente con parada en Abidjan (Costa de Marfil), sin bajarnos del avión, en Naoribi (Kenya), con escala y, finalmente, después de tener cuadrado el culo de volar en varios autobuses con alas, llegamos al país más austral de África.

Johannesburgo

Sandton

Cuando pusimos nuestros pies por primera vez en Sudáfrica estábamos aturdidos. Las horas de vuelo, el cansancio acumulado y las particularidades de un país único, tenían a nuestros sentidos confundidos. Para llegar desde el Aeropuerto Internacional OR Tambo hasta el centro de Johannesburgo existe un moderno tren denominado Gautrain que te lleva, por ejemplo, a Sandton, la ciudad financiera (156 Rands, 11 euros).

Johannesburgo

Hasta nuestra cita por la tarde con nuestros anfitriones, Johan y Jan, teníamos por delante varias horas, dos mochilas a cuesta (no existen consignas ni en el aeropuerto ni en la estación de trenes) y un cansancio atroz. Para problemas, soluciones: cogimos un carro de la compra en un supermercado y el improvisado trolley nos sirvió de maravilla. A la hora fijada, puntualidad británica heredada, nos recogieron.

Johannesburgo

Johannesburgo

Necesitábamos descanso y en casa de nuestros anfitriones lo tuvimos. A las afueras de Johannesburgo viven Johan y Jan, una pareja blanca sudafricana, sí blanca, que se dedican a labores empresariales varias (hay muchísimos blancos viviendo allí desde la época de la colonización, sobre todo, desde que se encontró oro en el siglo XIX). En una casa milimétricamente cuidada, bien decorada y con un hermoso jardín, nos acomodamos. A la hora de la cena (a las 6 de la tarde) ya teníamos una carne guisada en la mesa. Fue la mejor excusa para las charlas y las preguntas sobre la cultura, la educación y, por supuesto, el “apartheid” que tanto llama la atención del extranjero. No existe, siempre lo decimos, mejor introducción a un país que las palabras de su gente.

Comienza la ruta

Al día siguiente, todavía cansados por la paliza del vuelo, salimos para conocer una de las grandes ciudades sudafricanas que, paradojas, no es capital (a pesar de tener tres el país. A saber: Ciudad del Cabo, Bloemfontein y Pretoria). Desgraciadamente no existe metro en esta enorme urbe y el transporte público brilla por su ausencia. Una opción, para nosotros la primera vez que lo usábamos, es el autobús turístico City Sightseeing. Nosotros, para aprovechar la jornada (en un día se puede uno hacer una buena idea) cogimos el pack “visita a la ciudad a nuestro aire + tour por Soweto” por 420 Rands, unos 30 euros (no incluye entradas a museos).

Johannesburgo

Johannesburgo

Museo del Apartheid

Además de una parada en la Torre Carlton (15 R, 1 euro) para hacerse una primera visual desde lo más alto, sin duda la parada obligada es la visita al Museo del Apartheid (75 Rand, 5,5 euros). En 1948 el Partido Nacional promulgó una segregación racial, un apartheid (separación, en afrikáans). Se creó un sistema social y legislativo para separar a blancos y negros. Los negros pasar a ser ciudadanos de tercera sin a penas derechos (no podían votar, ni viajar, debían vivir en zonas alejadas, acudían a escuelas diferentes,…). No fue hasta en 1993, con Mandela ya en el poder, cuando un referéndum otorgó los mismos derechos a todos los ciudadanos sudafricanos.

Johannesburgo



Soweto

Aunque las leyes hayan cambiado y los avances sociales sean grandes, la realidad todavía sigue enormemente desequilibrada en contra de los negros. Tal vez una visita posterior a uno de los más famosos townchips (asentamiento), Soweto, puede ayudar a entender el concepto. Será solo una imagen multiplicada por mil (en concreto, la mitad de la población de Johannesburgo vive aquí) de lo que ocurre en todas y cada una de las ciudades del país (marginación, pobreza, etc. etc.).
Johannesburgo
Johannesburgo
Para volver a contrarrestar nuestras sensaciones, nuestras opiniones, volvimos a quedar para cenar con nuestros anfitriones. Lo hicimos en un restaurante africano muy recomendable, Moyo (donde probamos la carne de avestruz) . Fue el punto y final perfecto de la mejor introducción posible a uno de los países más complejos que hayamos visitado nunca.

Johannesburgo


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Un comentario en “Día 1 y 2: Un vuelo esperpéntico y un aterrizaje en Sudáfrica (Johannesburgo)

  • María José, estaba buena la carne de avetruz, te atreves con todo !!!, montas en un avestruz y también prueba su carne.

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