Parte III: El desierto salvaje, un hotel de millones de estrellas y una boda bereber

Estamos en mitad de la nada. A nuestro alrededor, cuando despertamos, solo hay piedras, arenas y dunas. Al fondo se ven varios dromedarios. Serán los que nos acompañen en nuestra travesía hasta el desierto más salvaje. Las duchas convencionales las transformamos en unas más divertidas, un depósito de agua y varios cubos para remojarnos. Son las 8.30 de la mañana pero hace calor. El baño sabe de maravilla. Solo falta prepararse para las condiciones extremas del desierto, la temperatura, los vientos, etc. y empezará el más hermoso de los trekking que pueda hacerse en Marruecos.

Desierto salvaje

Desierto salvaje

Desierto salvaje

Desierto salvaje

Abderrahim, nació en el Desierto y de su mano todos caminamos más tranquilos. Nos ofrece sus consejos y, uno a uno, con paciencia, nos coloca el turbante (tutorial de cómo hacerse un turbante). Cuando estamos preparados vamos en busca de los dromedarios. Ellos nos ayudarán con la carga y harán que sobre su joroba tengamos otra visión de este indescriptible lugar.

Desierto salvaje

Desierto salvaje

Desierto salvaje

Desierto salvaje

Juntos, todos a una, vamos ganando terreno a las dunas. Sopla una brisa fresca que nos da la vida. Nos empujamos unos a otros para que nadie quede rezagado. La llanura de una parte del terreno ayuda y cuando llegan los montículos de arena todo el esfuerzo se olvida, la belleza puede con cualquier atisbo de cansancio.

Desierto salvaje

A la mitad del camino, cuando decidimos parar para almorzar, una sorpresa guardada en lo más profundo de esta tierra virgen, creó un momento inolvidable. A solo diez minutos en motocarro de donde estábamos había un pozo de agua fresca para refrescarnos. Un lujo natural a nuestro alcance del que los expedicionarios disfrutaron como niños.

 

Aún quedaba un pequeño tirón, era lo menos. Casi sin darnos cuenta, antes del atardecer, llegamos al que sería nuestro campamento. Estratégicamente situados entre varios arbustos que crecían de entre las montañas de arena, montamos el campamento. Hoy será del todo natural. Para los que quieran habrá haima pero para los valientes les espera un hotel de millones de estrellas, o lo que es lo mismo, dormir al raso. Si se escucha el silencio nada más hace falta. Para eso quedaban todavía muchas horas por delante.

Desierto salvaje

Desierto salvaje

Desierto salvaje

Primero debíamos subir a la más alta de las dunas para despedir al sol. El espectáculo, algo grandioso para los sentidos, nos dejó patidifusos a los que aguardábamos en la cresta de la montaña de arena. Tras ello, surgió el amor. Efi, una cántabra que llegó junto a su pareja desde Torrelavega, le pareció que el lugar era el más propicio para que Iván, su novio, le pidiera matrimonio.

No hizo falta más. Sin que la novia se enterara, entre todos, y capitaneados por dos wedding planner casi profesionales, Luso y Paz, preparamos una boda bereber con todos sus detalles: un capitán que ofició la boda, ramo de flores, vestido para los novios, padrinos, invitados, cena nupcial a base de carne de cabra como manda la tradición, y pasteles para el postre. La sorpresa para ella fue mayúscula y la emoción enorme, tanto como el entorno en donde estábamos. Del resto solo tuvo culpa la magia, que hizo que nuestra velada en el Desierto salvaje fuera una noche inolvidable.
 Desierto salvaje

Desierto salvaje


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One comment on “Parte III: El desierto salvaje, un hotel de millones de estrellas y una boda bereber

  • Qué guapos con los turbantes.
    El desierto debe de impresionar bastante, además es un lugar mágico para celebrar una boda bereber.
    FELICIDADES a los novios.

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