Camboya amarga: Phnom Penh y los jemeres rojos

Odiada o amada, triste o alegre, amarga o espléndida. O te da la vida, o te la quita. Su historia pasada repleta de bonitas páginas escritas contrarrestan el esperpéntico genocidio de los Jemeres Rojos de hace no demasiados años. Sus bellos templos de arquitectura jemer solo hacen olvidar en parte el infierno de las carreteras camboyanas. Su gente amable y con una media sonrisa eterna intentan aplacar a los sinvergüenzas que pululan en torno al turista. Camboya no tiene termino medio.

Camboya

La primera muestra de lo que decimos se ve muy pronto, en cualquiera de los puestos fronterizos del país, especialmente en el de Laos (Trapaing Kreal). Como bien describe la Lonely Planet, en Camboya la corrupción se ha elevado a la categoría de arte. Para llegar desde Don Det (4.000 Islas), en el sur de Laos, hasta Phnom Penh, la capital de Camboya, se puede optar por un largo y tedioso viaje por tu cuenta o uno organizado (igual de largo, menos tedioso y prácticamente por el mismo dinero si se suman todos los dólares que hay que ir soltando por el camino).

Nosotros pagamos 30 dólares (21,8 euros) por el transporte en barco hasta Nakasang, primero, y bus con aire acondicionado hasta la capital camboyana, después. Por tu cuenta, con suerte, se puede conseguir por unos 25-26 dólares. Hay que tomar un barco hasta Nakasang, una furgoneta hasta la frontera, a sólo 20 kilómetros. Después un transporte, que seguramente será el bus turístico que va hasta la capital ya que en ese lugar no hay transporte local de ningún tipo.



Pero volviendo a las andadas fronterizas deben saber que este paso es un mal trago obligatorio. Primero una mordida de 2 dólares por poner un sello de salida de Laos (se puede optar por no ponerlo y no pasa nada si no se quiere volver al país…). Y ahora, la parte camboyana. Una pseudo consulta médica bajo una carpa de playa con varias señoras con bata hace de oficina de cuarentena. Por mirarte la tensión antes cobraban varios dólares y, con la lección aprendida, pasamos de largo. Parece que ahora han eliminado la tasa.

Camboya

Es el momento de conseguir el visado. Vale 20 dólares (18 euros), ni más ni menos. A ese precio oficial hay que sumarle el precio de sellado que se han inventado los policías de esta frontera, 5 dólares (3,6 euros). Todo ello en el caso en el que el guía del autobús no te engañe diciendo que el te hace las gestiones gratis del lado camboyano (hay que sumarle otros 5 dólares porque él te cobra 30 dólares en total). Es inútil cualquier acción. Nosotros estuvimos una hora intentando la gesta de que se cumpliera la legalidad y sólo conseguimos varios gritos enojados del superior mandándonos a sentar (Sit sit sit!…). Allí estaríamos todavía sino hubiéramos pagado…

Con el enfado correspondiente todos nos montamos en el bus. Aún nos quedaban 7 horas de trayecto por las afamadas malas carreteras camboyanas. Todo lo que dicen se queda en nada con la cruel realidad. Llegamos a Phnom Penh deseando tumbarnos algo parecido a una cama. Lo encontramos en un hotel humilde situado cerca de la estación de autobuses, Sambath Phal I. Nos fuimos a cenar y la suerte estuvo de nuestro lado. Justo en la calle de nuestra morada un buen restaurante con comida jemer, terraza y un dueño que hablaba inglés perfecto, pudimos desquitarnos del día (Meeting Mart, junto al mercado central).

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La parada en la capital sólo tiene una razón de ser, conocer de cerca la trágica historia reciente de Camboya que protagonizaron los Jemeres Rojos. Para hacerse una idea de lo ocurrido y saber más es imprescindible la visita al Museo Toul Sleng (entrada 2 dólares, 1,4 euros), el lugar que en el pasado fue un colegio, más tarde un instituto y luego, desgraciadamente, la conocida como Oficina S21, un centro de torturas y ejecución por la que pasaron más de 14.000 personas de las que sólo sobrevivieron 7. No hay palabras que puedan describir la crudeza con la que los hombres liderados por Pol Pot actuaban por el simple hecho de creerlos contrario a su régimen, ser extranjeros, saber algún idioma distinto al suyo, tener un carrera universitaria o llevar gafas. Hombres, mujeres, ancianos, niños… No había excepción.

Camboya

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Entre las paredes de este edificio, que son el mejor espejo del dolor, es fácil imaginar lo que sufrieron las personas aquí recluidas y difícil reponerse a tanta barbarie humana. Los camboyanos, que tienen en Pol Pot una palabra maldita, han querido que la historia sea conocida de cerca por todos los que visitan la Oficina S21.

Camboya

Las mismas herramientas con las que se torturaba, las fotografías de muchos de los prisioneros, los restos de alguno de los muertos, todo, absolutamente todo, puede verse. Un choque brutal con la sinrazón más que necesario. Solo una historia positiva, la de los supervivientes (uno de ellos ha escrito un libro y firma ejemplares en el complejo). Tras ellos se cerró para siempre este lugar que nunca debió existir.

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Con el mal sabor de boca y una reflexión profunda dimos por finalizada nuestra estancia en la capital. Por delante teníamos 8 horas de agradable viaje de baches y carretera sin asfaltar hasta Siem Reap (7,5 dólares, 5,5 euros), la ciudad que da lugar a la maravilla de Angkor. La otra Camboya, la de las maravillas, iba a estar pronto frente a nuestros ojos.


Gastos

– Día 1: autobús agencia desde Laos a Phnom Penh 60 dólares (43,7 euros) + comida 4 dólares (3 euros) + varios 6 dólares (4,3 euros) + alojamiento 13 dólares (9,5 euros) + cena 7 dólares (5 euros) + 2 Visados Camboya con sello 50 dólares (36 euros)

– Día 2: 2 entrada museo Tuol Sleng 4 dólares (3 euros) + transporte urbano en tuc tuc 6 dólares (4,5 euros) + autobús local a Siem Reap 15 dólares (11 euros) + comida 4 dólares (3 euros) + alojamiento 12 dólares (8,8 euros) + cena en pizzería 18 dólares (13,2 euros). Total: 54 dólares (39,8 euros)


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